La odisea de tres aficionados blaugranas
Viajaron a la final de Roma y pasaron dos noches en prisión por llevar un bastón y una caña
El triunfo del Barça en la final de la Champions no pudo ser presenciado en directo por tres seguidores culés. La causa, que los dueños de los asientos en el Olímpico de Roma estaban en una cárcel de Civitaveccia, a unos 80 kilómetros de la capital, víctimas de una injusticia. Habían sido detenidos ese mismo día en un control de carretera porque en el coche llevaban un bastón de esquiador, un mango de un paraguas roto y una caña de pescar, tres objetos olvidados bajo los asientos tras una excursión montañera que la policía italiana catalogó como armas peligrosísimas. Manuel Bernal, de 65 años, su hijo, Raúl de 36; y su sobrino, Alberto de 29, vivieron una experiencia traumática. Pasaron dos noches en una prisión estatal, incomunicados, en condiciones deplorables y fueron tratados como delincuentes. Y lo peor para ellos es que fueron olvidados por el Barcelona y por el consulado español en Roma hasta que al cabo de dos días fueron puestos en libertad.