Reportaje | julio díaz de alda
Una incómoda aventura
Puntualidad, autochecking o controles, un proceso estresante
Antes era un lujo. Ahora, todo menos eso. Las últimas semanas han puesto en evidencia lo débil de la posición de los pasajeros frente a un complejo sistema aeronáutico, sometido a tensiones a veces ingobernables por las autoridades, y que en minutos puede dejar a miles de viajeros literalmente tirados en cualquier lugar del mundo durante días.
Parte de la explicación a semejante caos es la sobrecapacidad del negocio aéreo, que ha vivido tiempos de vino y rosas y ahora se enfrenta a una caída en picado de la demanda a la que las compañías no pueden hacer frente a pesar de su intensa política de reducción de costes, vuelos y rutas. La crisis se nota y mucho en un segmento en el que el viajero de negocios, que es el que realmente paga dinero por su billete, ha optado por la videoconferencia o por el pasaje en clase turista.
Demanda. Hay demasiados aviones y compañías para un número de pasajeros cada vez más reducido. En España, por ejemplo, Aena ha pasado de tener 210 millones de viajeros en el 2007 a poco más de 175 este año. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (Iata) prevé que el sector pierda unos 11.000 millones de dólares en el 2009 y otros 5.600 millones este año.
Sólo ese dato hace prever que los ajustes de empleo y la exigencia a las plantilla de una mayor productividad continuarán. Lo que, sin duda, redundará en más presión sobre los pasajeros, a los que también habrá que hacer más rentables.