El euro vuelve a ‘temblar’ al dimitir el ‘dos’ del BCE por la compra de deuda
El presidente del banco achaca el adiós del alemán Stark a «razones personales».

Fotografía de archivo del jefe del BCE, el alemán Jürgen Stark.
El rascacielos que sirve de sede al Banco Central Europeo, que está envuelto en una crucial lucha contra la crisis de la deuda de la eurozona, fue sacudido ayer por un seísmo de consecuencias imprevisibles. El presidente de la institución, Jean Claude Trichet, dio a conocer un comunicado donde anunciaba la dimisión de Jürgen Stark, jefe de economistas del banco.
Aunque Trichet señaló en un escueto comunicado que Stark había renunciado a su cargo por «razones personales», tres años antes de que expirara su mandato, el anuncio volvió a dejar al desnudo la grave división interna que sufre el BCE a causa de su controvertido programa de compra de deuda soberana, que inició en el mes de mayo del 2010 para evitar un colapso financiero en Grecia. La división en el seno del Consejo de Gobierno del BCE quedó de manifiesto el 7 de agosto pasado, cuando el Banco aprobó la compra de deuda soberana de España e Italia para impedir que la rentabilidad de los bonos a 10 años de los gobiernos español e italiano, que superaron el peligroso nivel del 6%, siguiera subiendo.
Ese día, el presidente del Banco Central alemán, Jens Weidmann, junto con Jürgen Stark, encabezaron en el Consejo la revuelta de un grupo de cuatro personas que se opuso a la reanudación del programa de compra de bonos. Los partidarios de la línea dura creen que con ella se corre el riesgo de estimular la inflación, se fomenta el gasto irresponsable de los gobiernos y se contradice la filosofía de la institución, que le prohíbe inmiscuirse en la política financiera de los países miembros de la eurozona. En el entorno de Jürgen Stark se señaló que el economista jefe había decidido renunciar a su cargo para expresar su total desacuerdo con el programa de compra de bonos soberanos. El detonante de la dimisión, según estas fuentes, habría sido la decisión del Consejo de reanudar el programa de compra de bonos para ayudar a España e Italia. Stark había llegado a la conclusión de que no tendría éxito en imponer sus puntos de vista. Weber, que como consejero del BCE votó contra la medida, confesó en una entrevista que la compra de deuda pública constituía un serio riesgo para la estabilidad de la zona euro, ya que podría causar peligrosas presiones inflacionarias.
Jürgen Stark, en cambio, nunca recurrió a los medios para expresar su descontento con el programa, pero todo el mundo sabía que el último halcón alemán en el BCE rechazaba con vehemencia la medida. En uno de los días más aciagos para el BCE, Stark guardó silencio y nadie sabe aun si dará a conocer públicamente las verdaderas razones que le convencieron para renunciar a uno de los puestos claves de la institución.