Grecia ruega ayuda a la zona euro tras confesarse incapaz de más recortes
Los miembros de la moneda única deberán decidir ahora si se apiadan del país.
Elena Salgado, el ministro de finanzas de Bélgica, Didier Reynders, y el griego, Venizelos.
Grecia dejó ayer en manos de la Eurozona su supervivencia financiera. Tras admitir el domingo que no podrá cumplir con el objetivo de déficit acordado con sus socios, el Gobierno heleno anunció que da por cerrado el capítulo de los recortes. Atenas, que pronostica para el año que viene cifras positivas en sus finanzas públicas, se confesó incapaz de seguir accionando la tijera a las puertas de su cuarto año consecutivo en recesión. Los miembros de la moneda única deberán decidir ahora si se apiadan del país y aprueban la entrega del cheque de 8.000 millones que evitará su bancarrota.
El ministro de Finanzas heleno, Evangelos Venizelos, se presentó bien pertrechado en la reunión mensual del Eurogrupo celebrada ayer en Luxemburgo. No era para menos. Apenas unas horas antes, su Gobierno había reconocido públicamente que no llegará al techo de déficit del 7,6% pactado para este año. Esta afirmación supone todo un desafío a los socios del euro y especialmente a Alemania, que supedita la entrega de cualquier ayuda a la reducción fiscal. Atenas, además, se quedará lejos del límite fijado y cerrará el 2011 con un desfase en sus cuentas del 8,5%
Venizelos no esperó a que sus homólogos empezaran a removerse en la silla. En un comunicado distribuido antes de arrancar el Eurogrupo, el combativo ministro subrayó que su país «ha tomado todas las medidas difíciles y necesarias para cumplir las obligaciones contraídas». Incluso, pronosticó que en el 2012 alcanzarán por primera vez «en muchos años» un superávit primario.
Cálculos. Es decir, que si a Atenas se le descontaran los pagos de deuda sus cuentas abandonarían los números rojos. Según sus cálculos, los ingresos superarían a los gastos en 3.200 millones. Apoyado en esta cifra, Venizelos remarcó que su país está preparado para «ofrecer resultados» tras dos años de recortes. Por ello, rogó un margen de confianza a sus socios e insistió en que no pueden convertirse en el «chivo expiatorio» de la crisis. «Somos un país orgulloso. Tenemos el potencial y la habilidad para salir adelante pese a la profunda recesión que arrastramos», proclamó.
Los miembros de la zona euro debatieron en su largo encuentro la situación helena. La mayoría no quisieron adelantar si aflojarán la presión y desbloquearán la ayuda de 8.000 millones a Atenas. Esta decisión se tomará en una cita extraordinaria del Eurogrupo que se celebrará la próxima semana.