¿Quién echó a Rodrigo Rato?
Fueron muchos quienes le empujaron, aunque fuera él personalmente quien anunciara su marcha. Rodrigo Rato conoció, casi al tiempo que su antiguo colaborador, Luis de Guindos, la severa opinión de los inversores institucionales: mientras no se despeje el problema de Bankia, la reestructuración financiera no se resolverá, y la presión de los mercados sobre España puede seguir creciendo. No se podía perder un minuto, porque a la cercanía del 31 de mayo -la fecha autoimpuesta para culminar la reforma- se habían sumado los problemas de las últimas horas. BFA-Bankia no había remitido al supervisor de los mercados sus cuentas auditadas del primer trimestre.
De boca de antiguos colaboradores supo Rodrigo Rato desde hace días que sus esfuerzos podían ser inútiles porque el tiempo se le venía encima, pero siguió confiando en sus apoyos y en sus fuerzas. El recrudecimiento de la presión de los mercados contra la deuda española, las rebajas de solvencia decididas por las agencias de rating, la publicación anticipada del análisis que los expertos del Fondo Monetario Internacional realizaron ‘in situ’ para conocer la situación de la banca... todas las pistas apuntaban en la misma dirección. Al responsable de Economía del Gobierno, con quien Rato ya no mantiene una buena sintonía, se le agotaba la paciencia.
De Guindos comunicó a Rato el pasado viernes, apoyado por los grandes del sector, que le había llegado la hora.