Diario de León

Oscuros augurios para el 2013

El Gobierno mantiene un pronóstico de «suave recesión» que ninguna institución ni servicio de estudios privado comparte. Sólo destaca, en positivo, el sector exterior.

El ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos.

El ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos.

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m. j. alegre | madrid
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Las instituciones y los servicios de análisis prevén que la economía española seguirá en plena etapa de recesión el año que viene. El Gobierno también, pero sus pronósticos, que no ha modificado desde septiembre, auguran una suave caída del 0,5% como media del ejercicio. Nadie comparte estas proyecciones porque tanto la Comisión Europea como el FMI, la Ocde, el consenso de los expertos consultados por la Fundación de las Cajas de Ahorros o el Servicio de Estudios de BBVA opinan que el retroceso del PIB de España será, como poco, del 1,3%. Algunas instituciones lo han revisado al alza.

Las políticas están para variar las situaciones, argumentan desde el Ejecutivo. Los ministros de Economía y Hacienda, en particular, replican a los analistas con el argumento de que, pese a los tintes sombríos de la situación actual, los cambios emprendidos rendirán frutos. Pero muy pocas de las modificaciones que se avecinan —unidad de mercado, ley de emprendedores, sistema de pensiones, reforma de la administración o del marco energético—, está concebida para aportar beneficios a corto plazo.

En la recta final del 2012 hay unos pocos signos de que algo está cambiando para mejor. Son los avances de productividad, aunque son en buena parte consecuencia de una destrucción de empleo demoledora. Se calcula en 800.000 puestos de trabajo la registrada en el año que termina, medidos en términos de contabilidad nacional, es decir, cuando cada ocho horas de actividad se computan como un empleo.

Hay, además, un notable mantenimiento de la cuota exportadora, que revela el dinamismo de las empresas, forzadas a salir al exterior por la atonía de la demanda interna. En sentido opuesto, destacan el débil pulso del consumo y la inversión, las proyecciones negativas sobre el mercado laboral, o las fundadas dudas sobre la recuperación del crédito.

La caída del PIB

El gasto de las familias españolas va a seguir fuertemente lastrado por las malas perspectivas de empleo, el efecto del alza de impuestos de todo tipo, la necesidad de achicar deuda y la rebaja de la renta disponible. La práctica totalidad de asalariados y pensionistas han perdido poder adquisitivo, porque sus ingresos disminuyen o aumentan a menor tasa que la inflación. Poco o nada se puede esperar de la inversión empresarial en un marco de recesión, caída de beneficios y con excedente de capacidad productiva.

Lo mejor

El sector exterior es la gran esperanza para el año que viene, confirmada por los últimos datos del saldo comercial y del turismo. Hasta noviembre habían viajado a España 55 millones de visitantes extranjeros, el segundo registro más elevado de la historia. Y el déficit del comercio exterior se había reducido un 28% entre enero y octubre. Pero la factura energética cada día pesa más, por la escalada del precio del crudo y las oscilaciones en la cotización del euro.

El paro no da tregua

La proyección del Ejecutivo, que sitúa la tasa de desempleo sobre población activa en una media del 24,3% para el próximo año ya se ha visto ampliamente desbordada en el tercer trimestre del 2012, cuando el paro EPA alcanzó una proporción del 25,2%. Ni los más optimistas se atreven a pronosticar que la destrucción de puestos de trabajo pueda detenerse antes de los meses finales del 2013.

La reforma bancaria

Es un terreno donde se están produciendo grandes cambios, en el que se da por seguro que los resultados del saneamiento no van a ser inmediatos. Tras la recapitalización de las entidades necesitadas con fondos europeos, el traspaso de casas y suelo adjudicado y de créditos promotores al banco malo, y una vez emprendido el ajuste de capacidad con cierre de oficinas y recorte paulatino de la cifra de empleados, todo el sector se enfrenta a un entorno nacional complejo.

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