CÉSAR ALIERTA
El artífice de una empresa más global y convergente

Emilio Naranjo
Su mundo eran los ‘warrants’, las operaciones apalancadas y el análisis de balances, hasta que José María Aznar recurrió a él para que pilotase la privatización de uno de los monopolios que el PP hizo saltar por los aires tras ganar las elecciones generales en 1996. Para un fumador empedernido como él ¿había mejor premio entonces que presidir Tabacalera? Allí, entre humo y fusiones, César Alierta, sentó las bases de la fama que el ha traído hasta aquí: rigor, buenas dosis de sentido común y fidelidad a los accionistas.
Nació en Zaragoza en 1945 en el seno de una familia acomodada. Su padre, Cesáreo, era un influyente empresario que ocuparía la alcaldía de la capital maña a mediados de los años 60. Licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza, sus padres le enviaron a Estados Unidos para seguir un máster en administración de empresas —algo inexistente en aquellos momentos en España— y fue en la Universidad de Columbia donde comenzó a sentir la vena financiera. A su vuelta a España, en 1970, ingresó en el Banco Urquijo, en el que permanecería 15 años.