Diario de León

Estalla la guerra comercial planetaria

Trump da el paso y aprueba grabar con el 25% un total de 818 productos chinos.

Donald Trump, ayer, en la Casa Blanca. MICHAEL REYNOLDS

Donald Trump, ayer, en la Casa Blanca. MICHAEL REYNOLDS

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León

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zigor aldama | shanghái

Que sí, que no. Donald Trump ha pasado meses deshojando la margarita de los aranceles a los productos chinos. Después de tres rondas de negociaciones, finalmente, este viernes fue que sí. Estados Unidos comenzó a gravar con una tasa del 25% un total de 818 productos chinos —sobre todo del sector tecnológico— cuyas importaciones en la superpotencia americana tienen un valor de 34.000 millones de dólares. Pocas horas después, China respondió con otra andanada tarifaria: activó aranceles del mismo porcentaje para 545 productos —sobre todo del sector agroalimentario— cuyo valor es similar al de las exportaciones chinas afectadas. Dado el tamaño de los contendientes, el resto del mundo contiene la respiración a sabiendas de que la onda expansiva afectará a todos.

Reducir el déficit

El objetivo de Trump es doble: reducir en 200.000 millones de dólares el enorme déficit comercial con China—calculado por Washington en 375.000 millones y por Pekín en 275.000— y proteger a las empresas estadounidenses de la transferencia tecnológica a la que les obliga Pekín y con la que luego las empresas chinas, siempre según el presidente americano, compiten de formar desleal en el mercado global.

Desafortunadamente para Trump, los aranceles no parece que vayan a causar efecto, porque Pekín responde con las mismas armas. Es más, China ataca al sector agroalimentario de EE UU, del que vive buena parte de los votantes del exmagnate. «China no disparará la primera bala, pero, inevitablemente, se verá forzada a responder para defender los intereses de la nación y del pueblo», había advertido el Ministerio de Comercio. «También elevaremos nuestras quejas a la Organización Mundial del Comercio», avanzó. No obstante, Trump ya había avisado de que la OMC le trae sin cuidado, y también había adelantado que la primera oleada de aranceles podría ser solo eso, una primera oleada a la que seguirán más.

De hecho, señaló que está dispuesto a gravar productos por un valor de hasta 200.000 millones de dólares si Pekín se empecina en pagar con la misma moneda. Y no parece que le vaya a temblar el pulso, aunque la mayoría de las grandes empresas americanas está en contra.

Un problema añadido de este rifirrafe entre las dos principales potencias del planeta es que puede tener graves consecuencias en el resto del mundo. «Estas decisiones amenazan las cadenas de proveedores y de valor globales, pueden dañar la recuperación, van a provocar inestabilidad en los mercados y afectarán a multinacionales y a consumidores inocentes», concluyó el Ministerio de Comercio chino.

Sufrimiento global

El vicepresidente de la Cámara de Comercio Europea en China, Carlo D’andrea, puso como ejemplo práctico un cepillo de dientes eléctrico: «Algunos tienen hasta 37 componentes distintos, que se diseñan y fabrican en diferentes países y que finalmente se ensamblan en China». Desafortunadamente para Europa, muchas de sus empresas industriales son suministradores de componentes y no fabricantes del producto final, razón por la que también se espera que sufran.

No obstante, el verdadero varapalo se lo llevarán las empresas chinas y americanas. Las primeras ya sufren en las bolsas del gigante asiático, en mínimos de hace dos años aunque este viernse, curiosamente, rebotaron; las segundas, están preocupadas por la campaña de Navidad. El comercio ya ha comenzado a hacer los pedidos para este momento crucial y, si los productos no han sido enviados todavía, el incremento en el precio puede suponer un varapalo importante que, finalmente, acabará hiriendo al consumidor. De ahí que la inflación también sea foco de preocupación. «Hemos tratado de fabricar en Vietnam y en Indonesia, pero carecen de la infraestructura china», afirmó el consejero delegado de la juguetera MGA .

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