Los mercados, el único poder capaz de parar al presidente de EE UU
Las caídas de las Bolsas, el repunte en los tipos de los bonos y las advertencias de los inversores forzaron en Davos el repliegue del presidente de EE UU

Trump, en la cumbre de Davos.
Antes de viajar a Davos, Trump preparó el terreno amenazando con nuevos aranceles de castigo a los países europeos que respaldaban a Dinamarca en su defensa de Groenlandia. De nada sirvieron los argumentos políticos y diplomáticos de protesta desplegados tanto desde la UE como desde la Otan. Pero hubo otros acontecimientos que sí impulsaron un giro de la delegación estadounidense, la más numerosa en Davos en la historia del Foro Económico Mundial (WEF). El fondo de pensiones danés AkademikerPension, que gestiona en total unos 22.000 millones de euros, anunció la venta de la totalidad de sus activos en bonos del Gobierno estadounidense, valorados en alrededor de 100 millones de dólares y cuya venta debería completarse a finales de mes. «La decisión tiene su raíz en las malas finanzas del Gobierno estadounidense, lo que nos lleva a concluir que necesitamos buscar un camino alternativo para nuestra liquidez y gestión de riesgos», declaró el director de inversiones Anders Schelde en un comunicado.
Estuvo claro desde el primer momento que se trataba de una cantidad irrelevante, a efectos de presionar a Trump, y que constituía más bien un gesto simbólico. Pero enseguida reconoció la agencia de calificación Scope que, «de seguir otros países ese mismo gesto, en apoyo de Dinamarca, y producirse una venta a gran escala de bonos del gobierno estadounidense en respuesta al conflicto de Groenlandia y a la amenaza de aranceles, las consecuencias sí serían apreciables».
«Los países europeos, como Japón y China, poseen grandes acciones de bonos gubernamentales estadounidenses en circulación», certifica el analista de Scope Eiko Sievert, que considera que, «dada la creciente incertidumbre política en Estados Unidos, es probable que los inversores continúen diversificando sus participaciones de forma gradual». «Esto, combinado con el creciente aumento de la deuda nacional estadounidense, puede provocar una presión al alza sobre las primas de riesgo para la emisión futura de bonos y aumenta la vulnerabilidad de las finanzas públicas, a medida que los gastos por intereses siguen aumentando», añade.
En todo caso, no fue la prima de riesgo lo que más asustó al equipo de Trump en Davos, esta semana, sino los cierres de Wall Street. Apenas fue anunciada la nueva amenaza de aranceles, el S&P 500 cayó hasta un 2,1%, el Dow Jones 1,8% y el Nasdaq sufrió pérdidas del 2,39%, especialmente afectado por la salida de capital de activos tecnológicos. Fue ahí cuando el equipo de Trump comenzó a recibir llamadas de donantes y accionistas irritados. Casi todos los sectores terminaron en rojo, con un claro movimiento ‘risk-off’: salida de capital de renta variable estadounidense y búsqueda de refugio en activos más seguros. El precio del oro alcanzaba su histórico por encima de los 4.500 dólares la onza. Según datos citados por Bank of America, la situación aceleró la salida de unos 17.000 millones de dólares de fondos de bolsa estadounidenses durante esta semana. Y cuando Trump retiró la amenaza, los mercados rebotaron con fuerza: S&P 500, Dow Jones y Nasdaq subieron alrededor de 1,2% cada uno, unas subidas tras las que en Davos se respiró con alivio.
Porque Trump no gobierna Estados Unidos como el líder del mundo libre, sino como el presidente y director ejecutivo de USA Inc. Por eso no tuvo reparos en corregir su postura con rapidez en el momento en el que los mercados le estaban dando la espalda. La conclusión que las élites económicas globales sacaron en Davos es que sólo los mercados pueden parar a Donald Trump.
Otro de los momentos que propició el histórico giro en la posición sobre los nuevos aranceles por parte de Trump fue el anuncio del Parlamento Europeo de suspensión del proceso de aprobación del pacto de Turnberry, el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos, que en datos de 2024 asciende a 1,6 billones de dólares. En los pasillos de Davos se hablaba además del catálogo de medidas anti-coacción (ACI), el conocido como el "bazuca comercial", a disposición de la Comisión Europea y que incluye desde contraaranceles y limitaciones a importaciones y exportaciones hasta restricciones de acceso al mercado para inversores y proveedores de servicios financieros en ese país, pasando por la posible exclusión de las empresas estadounidenses de contratos públicos lucrativos o la restricción del acceso al mercado para proveedores de servicios de Estados Unidos, incluidas empresas digitales como Amazon, Microsoft, Netflix o Uber. Ante este panorama, Trump agachó las orejas y retiró su amenaza de aranceles. Allí donde habían fracasado los mejores cuerpos diplomáticos europeos, el lenguaje del dinero logró que el presidente estadounidense diera su brazo a torcer en el idioma que mejor habla, el lenguaje del dinero.