Este producto básico ha bajado de precio en el último año (pero muchos consumidores no lo están notando)
Que el aceite de oliva, un producto básico de la cesta de compra, contenga la subida de precios no significa que haya regresado a las cifras de hace cinco años

Una mujer compra en el supermercado
Si hay un producto básico del carrito del supermercado que en los últimos años ha vivido una auténtica montaña rusa de precios es el aceite de oliva. Tras un aumento histórico, llegándolo a convertir en uno de los productos más caros del supermercado, este año ha traído un cambio de tendencia: los precios comienzan a estabilizarse e, incluso, a descender ligeramente. Sin embargo, no todo son aplausos: el precio del aceite de oliva sigue impactando en el bolsillo del consumidor.
De la subida récord a la estabilización
2023 y 2024 fueron dos años donde el aceite de oliva sufrió un incremento en su precio sin precedentes. Los datos del INE lo situaron como uno de los que más subía dentro del IPC, con datos interanuales muy elevados. Incluso en 2025, el incremento interanual ha superado ampliamente el 50%, una cifra poco habitual para un producto tan básico.
Este contexto, sin duda, explica una percepción clara del consumidor: aunque el precio ya no sube como antes, el punto de partida en el que estamos ahora sigue siendo alto. Es decir, el cambio está en que el aceite de oliva ha dejado de encarecerse de manera continua.
Qué está pasando en 2026: bajadas moderadas
El mercado comienza a estabilizarse, o al menos esa es la percepción en los últimos meses. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación es claro: la mejora de las previsiones de cosecha y una mayor disponibilidad del producto están favoreciendo dicha estabilización. El resultado es un escenario nuevo: el aceite de oliva deja de ser el producto que más sube y pasa a una fase de normalización.
La clave: sigue alto, pero ya no se dispara
Aquí está el matiz importante. El aceite no ha vuelto a niveles de hace años, pero tampoco continúa en escalada. Se mueve ahora en una franja más estable, lo que reduce la incertidumbre tanto para productores como para consumidores.
La incertidumbre se reduce: el aceite de oliva no ha vuelto a los niveles de hace años, pero tampoco sigue en aumento. Este cambio es importante porque rompe con la tendencia de subidas constantes, y el consumidor deja de enfrentarse a aumentos continuos cada vez que hace la compra en el supermercado.
El clima sigue marcando el precio
A pesar de esta estabilización, el factor clave sigue siendo el mismo: la producción. España, como principal productor mundial, depende en gran medida de las condiciones climáticas.
Las campañas afectadas por la sequía fueron el origen de la subida, y la mejora de las cosechas explica ahora el ajuste. Sin embargo, el propio sector advierte de que la volatilidad puede volver si las condiciones meteorológicas cambian.
Un nuevo escenario para el consumo
Este cambio de tendencia también está influyendo en los hábitos de compra. Durante muchos meses, los consumidores buscaron formatos más pequeños u ofertas puntuales. Incluso se produjo un aumento en la compra de marcas blancas frente a productos de mayor valor añadido.
Otros siguen optando por alternativas más económicas o ajustando cantidades, lo que demuestra que el impacto de la subida anterior aún no ha desaparecido del todo.
Un cambio real, pero progresivo
El aceite de oliva ya no está en plena escalada de precios, y eso supone un giro importante respecto a los últimos años. Sin embargo, la bajada es gradual y todavía no se traduce en una sensación clara de “producto barato”.
En definitiva, el cambio existe: el aceite ha dejado de subir y empieza a estabilizarse. Pero lo hace desde niveles elevados, lo que explica por qué muchos consumidores siguen notándolo en su día a día.