Diario de León

Muchos consumidores están cambiando este hábito de compra por una razón clara

Comprar marca blanca ya no es cuestión solo de ahorro, sino una cuestión pragmática: se percibe de igual calidad y cumple de sobra con las expectativas del consumidor

Un grupo de persona compra en un supermercado

Un grupo de persona compra en un supermercadoGetty Images

Antonio Bret
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Los consumidores están cambiando sus hábitos en España: cada vez más personas optan por productos de marca blanca en lugar de las tradicionales marcas de fabricante, más caras. Esto es más que una moda pasajera y atiende a una razón clara y simple: el impacto de la inflación de los hogares.

Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el precio de los alimentos ha sido uno de los componentes del Índice de Precios de Consumo (IPC) que más ha subido en los últimos años, especialmente tras la crisis inflacionaria iniciada en 2022. Aunque en 2025 y 2026 se ha producido cierta estabilización, los precios continúan en niveles elevados, lo que obliga a los consumidores a ajustar sus hábitos.

La marca blanca gana terreno en todos los supermercados

La marca blanca, también conocida como ‘marca de distribuidor’ le ha ido gsanando el terreno a la marca tradicional, y grandes cadenas como Mercadona, Carrefour o Lidl han ido progresivamente reforzando su apuesta por aumentar el catálogo de la marca blanca, con más variedad y, lo que es más importante, mayor calidad.

Informes recientes de organizaciones como Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) señalan que la diferencia de precio entre una marca blanca y una marca de fabricante puede superar el 30% en algunos productos básicos. Esta brecha es clave para entender por qué muchos consumidores están modificando su comportamiento de compra.

No solo precio: también percepción de calidad

Sin embargo, el cambio no se explica únicamente por el ahorro. Diversos estudios apuntan a una mejora en la percepción de calidad de la marca blanca. En categorías como lácteos, conservas o productos de limpieza, muchos consumidores consideran que la diferencia con las marcas tradicionales es cada vez menor.

Este cambio, a pesar de lo que pudiera parecer, va mucho más allá de ahorrarse un puñado de euros en la cesta de la compra. Diversos estudios aseguran que la percepción hacia la calidad de la marca blanca ha ido mejorando con el tiempo. Casos concretos: en lácteos, conservas o productos de limpieza, numerosos consumidores consideran que la diferencia con las marcas tradicionales es cada vez menor y esta diferencia no justifica el sobreprecio de las segundas.

Además, cadenas como Mercadona han desarrollado marcas propias con identidad consolidada —como Hacendado o Deliplus— que generan confianza y fidelidad. Esta estrategia ha contribuido a normalizar el consumo de marca blanca, eliminando el estigma que existía hace años.

Ahora, la marca blanca tiene nombre y se identifica con la calidad. Por ejemplo, tenemos los casos de Hacendado y Deliplus, ambas de Mercadona, marcas blancas que generan confianza y fidelidad. Esta estrategia ha servido para normalizar su consumo, eliminando el estigma de ‘marca pobre’ o ‘sucedáneo’.

Un cambio estructural, no coyuntural

Desde organismos europeos como la Comisión Europea se advierte de que los hábitos de consumo adquiridos durante periodos de inflación tienden a consolidarse incluso cuando los precios se estabilizan. Es decir, quienes han probado la marca blanca por necesidad pueden mantenerla por convicción.

También ocurre un fenómeno curioso durante los periodos de inflación: cuando los precios se estabilizan, el consumidor puede ya haber adquirido el hábito de comprar marca blanca, y al probarla, confiar en ella y seguir manteniendo el hábito. Ya no es ahorro: es convicción.

Este fenómeno ya se está reflejando en las cuotas de mercado. España se sitúa entre los países europeos con mayor penetración de marca blanca, superando el 40% en algunos segmentos, según datos del sector.

Qué significa este cambio para el mercado

Por supuesto, el aumento del consumo de marca blanca ha obligado a las marcas tradicionales a reaccionar, ajustando los precios, innovando con artículos o elevando la calidad hasta la etiqueta ‘prémium’. A la vez, los distribuidores ganan poder en la cadena de valor, al controlar la venta y la producción de los productos.

El consumidor toma el control

El cambio hacia la marca blanca refleja una transformación más profunda: un consumidor más informado, más sensible al precio y menos fiel a las marcas tradicionales. Lejos de ser una tendencia pasajera, todo apunta a que este nuevo hábito ha llegado para quedarse, impulsado por una razón tan clara como contundente: la necesidad de optimizar cada euro en la cesta de la compra sin renunciar a la calidad.

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