Diario de León
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León

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Quienes tenemos suficiente edad y alguna memoria, recordamos con horror aquellas inasequibles hipotecas a tipos de interés cercanos al 20% que nos obligaban a pagar dos y hasta tres veces el precio de nuestra vivienda en el plazo convenido. Los economistas liberales nos explicaban entonces que, cuando se impusiera la ortodoxia, se alcanzara el equilibrio presupuestario, se desarrollaran la competencia y el mercado, el precio del dinero bajaría hasta extremos inauditos. Efectivamente, así ha sido. Hoy, los ciudadanos de la Eurozona tenemos los tipos de interés más bajos de la historia. En España, es sorprendente constatar que se nos presta dinero a tipos de interés negativos, habida cuenta de la inflación (es decir, se nos paga dinero por aceptar un crédito). Y, sin embargo, la compra de una vivienda sigue siendo un ejercicio igualmente oneroso porque se ha duplicado y hasta triplicado su precio, a medida que bajaban los tipos de interés. Es lógico que nos sintamos frustrados. Y que nos preguntemos qué ha ocurrido: ¿Estamos ante una trampa maligna e inexorable del mercado o, por el contrario, esta situación absurda es consecuencia de que las distorsiones de entonces se han sustituido por otras distintas? Lo cierto, en todo caso, es que los damnificados somos siempre los mismos.

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