Un baño de multitudes para el presidente

El presidente de Estados Unidos jura su cargo ante dos Biblias y ante su familia.
El sol se abrió paso entre las nubes para iluminar el desfile de investidura de Barack Obama, quien se dio un baño de multitudes en su camino a la Casa Blanca tras jurar ayer como presidente de Estados Unidos por segunda vez.
Obama y su esposa Michelle se hicieron de rogar mientras miles de personas esperaban apostadas en las gradas que llevan instaladas desde hace semanas a lo largo de la Avenida Pensilvania para un desfile que comenzó con más de una hora de retraso. «Esta grada está llena, pruebe en otra», repetían una y otra vez los voluntarios que se arremolinaban frente a las verjas franqueadas por cientos y cientos de policías que velaban por la seguridad de los asistentes y de la familia presidencial.
Las bajas temperaturas no impidieron que cientos de miles de personas recorrieran el centro de Washington para participar en las celebraciones de la toma de posesión del mandatario, quien visiblemente entusiasmado hizo parte del recorrido a pie acompañado de su esposa Michelle para saludar a los asistentes.
Detrás de él hicieron aparición el vicepresidente, Joe Biden, y su esposa, Jill, quienes también recorrieron el kilómetro y medio que separa el Congreso de la Casa Blanca, aunque como los Obama, solo hicieron una parte a pie. El desfile fue la primera parte de las celebraciones que tuvieron lugar ayer en Washington después de la ceremonia pública de investidura de la mañana, aunque la oficial se celebró el domingo 20 de enero, como marca la Constitución.
Más de 8.000 personas, entre bandas escolares, grupos de danza folk y unidades militares representando a un centenar de agrupaciones estuvieron presentes aportando música y color a la jornada festiva.