El presidente Putin está obsesionado con una revolución ‘a la ucraniana’ en Rusia
En el primer aniversario del ‘Maidán’ advierte contra revueltas como la de Kiev.

El presidente ruso, Vladímir Putin, pronuncia un discurso.
El presidente ruso, Vladímir Putin, vive obsesionado con la posibilidad de que en Rusia se produzca una revuelta popular como la de las ‘rosas’ en Georgia, en 2003, la ‘naranja’ en Ucrania, en 2004, o el ‘Euromaidán’, que arrancó hace un año, el 21 de noviembre de 2013, cuando el Gobierno del ahora depuesto Víctor Yanukóvich anunció que no firmaría el acuerdo de asociación con la Unión Europea.
En la víspera del aniversario de la acampada en la Plaza de la Independencia de Kiev (Maidán), que echó abajo el poder de Yanukóvich, Putin dijo ayer durante una reunión de su Consejo de Seguridad que lo sucedido en el país vecino «fue para nosotros una lección y una advertencia». Según sus palabras, «estamos obligados a hacer todo lo posible para garantizar que nada parecido suceda en Rusia».
El máximo dirigente ruso está convencido de que «en el mundo moderno el extremismo está siendo utilizado como herramienta geopolítica para redefinir las esferas de influencia». «Observamos las trágicas consecuencias que acarrea la ola de lo que se conoce como ‘revoluciones de color’», señaló. En este sentido, Putin advirtió que serán castigados los llamamientos a derrocar el poder establecido y declaró que «la lucha contra el extremismo no tiene nada que ver con la represión de la disidencia», afirmación con la que no está de acuerdo ningún líder opositor ruso.
Los países que, como Georgia y Ucrania, prefirieron mirar hacia Occidente y la Otan, en vez de hacerlo hacia Moscú, han perdido parte de su territorio y sufren la presión constante de Putin. El primer ministro ucraniano, Arseni Yatseniuk, acusó ayer al Kremlin de haber convertido Ucrania en un «campo de batalla». Según su opinión, el comportamiento de Putin «supone una amenaza para el orden y la paz global (…) para la Unión Europea y la Otan». «Debemos impedir juntos la guerra a gran escala que Rusia está provocando deliberadamente», subrayó.
La ONU facilitó ayer un nuevo balance de víctimas por la guerra en el este de Ucrania. Según los últimos datos, desde abril, en Lugansk y Donetsk murieron 4.317 personas y 9.921 resultaron heridas. Naciones Unidas alerta también sobre la situación de «ausencia de ley y orden» que sufren los civiles en las zonas bajo control de los separatistas.
Ucrania, Estados Unidos, la Unión Europea y la Otan culpan a Moscú de enviar hombres, armas y pertrechos en ayuda de los insurgentes. El vicepresidente norteamericano, Joe Biden, llegó ayer a Kiev y hoy será recibido por el presidente Petro Poroshenko. El Kremlin teme que Washington abra la vía al envío de armas al Ejército ucraniano y ha advertido que tal decisión podría provocar que el conflicto se «expanda».