El dulce recibimiento de Alemania
Grupos de voluntarios con regalos y carteles de bienvenida asisten en la ciudad de Múnich a los miles de refugiados llegados de la ruta de los Balcanes a diario.
Una mujer iraquí duerme a su bebé en la estación de Múnich.
El ambiente en la estación central de Múnich contrasta con la hostilidad que han vivido en Budapest y la indiferencia con que fueron recibidos en su tránsito por Viena. Carteles de bienvenida y docenas de voluntarios dispuestos a atender sus primeras necesidades aguardan a los cientos de refugiados que llegan por tren a la capital bávara procedentes de la llamada ruta de los Balcanes. Alcanzan la tierra prometida de ‘Alemanya’ agotados y hambrientos tras días e incluso semanas de tortuosa odisea. El lunes fueron más de millar y medio en varios convoyes y ayer al mediodía la Policía había contado otros 1.800, que hasta medianoche superarían con seguridad las 3.000 personas. Las cifras aumentan de hora en hora.
Los voluntarios reparten generosamente agua, refrescos, dulces, fruta, pan y otros alimentos. Pero también juguetes para los niños. Alguien ha aportado varias cajas llenas de ositos de peluche y no faltan tampoco los paquetes de pañales y los ‘potitos’ para los más pequeños o los artículos de higiene para los adultos. La respuesta solidaria de los muniqueses, que fluyen sin cesar hacia la estación para llevar ropa, alimentos, juguetes y pañales, resulta tan abrumadora que las autoridades se han visto obligadas a hacer un llamamiento a la ciudadanía para que los donativos se dirijan directamente a los centros de acogida para los refugiados. En la estación hay de sobra de todo.
Muchos recién llegados no ocultan su sorpresa por el recibimiento. Ahmed, farmacéutico de 38 años, escapó de la guerra en Siria con su mujer y sus tres hijos, todos menores de diez años. Su agotamiento es visible, pero también su satisfacción por haber alcanzado la meta. Como otros muchos al ver a los voluntarios y los donativos, aplaude y grita un «gracias Alemania». Al país germano arriban muchos hombres y jóvenes, pero también familias enteras y muchos niños pequeños que reciben inmediatamente la atención del personal de la oficina municipal del menor.
Mensajes
Los voluntarios se acercan al lugar generalmente de manera espontánea, motivados por mensajes en las redes sociales. Como Tilo Müller, que acudió a la estación con una caja de plátanos y se encuentra tras una mesa repartiendo fruta y dulces. «Al oír hablar de la ola de refugiados decidí con mi mujer venir y ayudar. A nosotros no nos falta nada y los que llegan lo han perdido todo», explica Tilo, ingeniero de 33 años que dedica sus vacaciones a atender a los asilados.
En Múnich llevan más de un año recibiendo una media de 400 refugiados diarios que llegan por tren desde Italia o el este de Europa. Esta nueva oleada más numerosa llevaba anunciada varias jornadas y no ha pillado a nadie por sorpresa.