Derecho al asilo, pero no a elegir
Los ministros de Interior acuerdan en una reunión en Bruselas crear centros de procesamiento para retener a aquellos refugiados que no quieren registrarse.
Refugiados esperan a un tren entre Grecia y Macedonia.
La UE arrancó ayer en Bruselas la semana de los refugiados. Como mensaje político no está mal, el problema es que ya van unas cuantas. Los problemas crecen y las soluciones siguen sin materializarse. Parches y más parches. «Corremos el peligro de que pase con los que ya está sucediendo en política exterior. Sólo aprobamos conclusiones y poco más», criticaba estos días un veterano diplomático comunitario a un reducido grupo de corresponsales.
El pesimismo es la nota predominante, aunque ayer, los ministros de Interior de los 28 insistieron en ver el vaso medio lleno. Lo mismo harán el miércoles y el jueves los jefes de Estado y de gobierno desde Malta. Primero con sus homólogos africanos y después, en solitario. En efecto, es la semana del refugiado, que ayer comenzó hablando del enésimo eufemismo: «centros de procesamiento» para mejorar el control de los incontrolables flujos migratorios.
Un simple dato resume a la perfección lo que está pasando. 147 demandantes de asilo han sido recolocados desde Italia y Grecia a otros países en las últimas semanas, cuando el objetivo acordado para los dos próximos años es de 160.000. «No es suficiente, hay que acelerar. En los últimos meses hemos hablado muchos y ahora hay que hacer más», exhortó al término de la cita el comisario de Inmigración, Dimitris Avramopoulus. Pero es que cuando se trata de aportar dinero o arrimar el hombro con material o personal, ídem de ídem.
Las capitales no reaccionan. Ayer, los ministros de Interior lanzaron el enésimo llamamiento para implementar con la mayor celeridad los acuerdos alcanzados por sus líderes.
El gran problema
Cumplido el protocolo, empezaron a buscar soluciones para gestionar los obstáculos con los que están topando, entre ellos, uno muy preocupante: los asilados sólo quieren ir a Alemania o en su caso Suecia, lo que está provocando muchos problemas en los Estados que conforman la puerta de acceso a la Unión y que según la legislación vigente (acuerdo de Dublín) son los encargados de registrar a los refugiados para poder controlar el flujo (deben hacerlo en el primer país de la UE que pisan). Sin registro no hay derechos. Son varias las opciones encima que están encima de la mesa, entre ellas la directiva ya existente que menciona la adopción de «medidas coercitivas, incluida, como último recurso, la detención temporal por un periodo máximo necesario para completar los procedimientos debido a la falta de cooperación de los migrantes cuando llegan a la UE».