Diario de León

La Unión Europea cierra filas con Holanda ante la ofensiva turca

Tras el conflicto diplomático, Estambul tiene difícil convertirse en un estado miembro.

El primer ministro de Holanda, Mark Rutte, durante la rueda de prensa que ofreció ayer. REMKO DE WAAL

El primer ministro de Holanda, Mark Rutte, durante la rueda de prensa que ofreció ayer. REMKO DE WAAL

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Adolfo Lorente | Bruselas

Si Turquía aspira a lograr algún día esa utopía de convertirse en un Estado miembro de pleno derecho dentro de la Unión Europea se está equivocando de estrategia. Porque si algo hace reaccionar a esta Europa en horas bajas en sentirse atacada y toparse con un ‘enemigo’ común. Ojo, ya sea dentro o fuera del club de clubes, como pueden dar fe de ello Grecia y Polonia, por un lado, y Reino Unido o Estados Unidos, por el otro.

La UE ha vuelto a entonar el ‘uno para todos y todos para uno’ cerrando filas con Holanda en la grave crisis diplomático que ha estallado con Turquía. Ankara se ha pasado de frenada acusando de «nazismo» y «fascismo» a uno de los países de la Unión (fundador, además) y eso, en Europa, son palabras mayores. «Es completamente inaceptable», zanjó la canciller alemana, Angela Merkel, quien usó el mismo adjetivo que el ministro de Exteriores francés, Jean-Marc Ayrault. «Inaceptable».

El gran eje francoalemán, apoyado por el resto socios, ha hablado para anteponer el orgullo del club al trascendental acuerdo migratorio con Turquía que ayudó a la UE para superar su grave crisis interna por la masiva llegada de refugiados. Fue un lunes comunitario de gran resaca geopolítica, con medio continente mirando a Países Bajos, erigido en banco de pruebas del populismo que recorre el corazón de las potencias europea.

La gran amenaza se llama Geert Wilders, eurófobo e islamófobo, y claro, el primer ministro, el liberal Mark Rutte, no estaba por la labor de permitir que Ankara le pusiese una alfombra roja para ganar los comicios con su discurso antimusulmán.

Negociaciones

El problema es que Rutte apagó el fuego Wilders pero avivó el incendio Erdogan. «Hasta que las amenazas del Gobierno turco no lleguen a su fin no habrá negociaciones para resolver este conflicto», advirtió ayer un enojadísimo Rutte, quien aseguró, no obstante, que su objetivo es rebajar una tensión con la que Erdogan se encuentra muy cómodo.

El papelón, de nuevo, fue para las instituciones comunitarias. Tocaba salir, dar la cara y mojarse en público después de las muchas llamadas a varias bandas que ha habido durante el fin de semana al más alto nivel diplomátivo entres Estados miembros, la Comisión, el Consejo y las autoridades turcas, lideradas por un encolarizado Recep Tayyip Erdogan.

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