Diario de León

Trump recupera la era de los grandes arsenales nucleares

Donald Trump. JIM SCALZO

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mercedes gallego | nueva york

Desde el final de la Guerra Fría todos los presidentes, desde Reagan hasta Obama, han trabajado para reducir el peligroso arsenal nuclear que en Hiroshima y Nagasaki mostró al mundo su escalofriante poder destructivo. Con Donald Trump, sin embargo, el reloj Doomsday, que desde 1953 mide simbólicamente lo cerca que estamos de ese apocalipsis, se ha acercado treinta segundos más a la medianoche. Faltan apenas dos minutos. El sueño de un mundo desnuclearizado tendrá que ocurrir «mágicamente» en el futuro, pero no bajo su mandato, advirtió Trump la semana pasada en su primer discurso sobre el estado de la Unión.

En ninguna parte mencionaba la amenaza rusa, que, sin embargo, sirvió el viernes para que el secretario de Defensa, James Mattis, anunciase el fortalecimiento del arsenal atómico estadounidense. Ayer, tres días después, entró en vigor el acuerdo negociado por el Gobierno de Obama para mantener las armas nucleares de largo alcance al nivel más bajo desde la Guerra Fría. El límite de estas cabezas desplegables queda fijado en 1.500 y regirá hasta 2021, sin que de momento se vea en el Pentágono apetito para renovarlo.

El estado bipolar que rige las ansias armamentísticas del presidente y su admiración por Vladímir Putin se ha preservado con la decisión de que la «recapitalización» de armas nucleares no afecte al número de misiles de largo alcance. El Gobierno de Trump, tan dado a incumplir tratados comerciales o de desnuclearización, dejó muy claro que no pretende romper los pactos con Rusia. Su plan es modernizar las armas existentes en la llamada triada nuclear -submarinos nucleares, misiles balísticos y bombarderos estratégicos- e incorporar otras más pequeñas y más ágiles que puedan ser usadas en mayor variedad de escenarios.

«El Pentágono concibe una nueva era en la que las armas nucleares vuelvan a lo grande», publicó ayer ‘The New York Times’. Mattis argumenta que «el mundo ha cambiado» y con ello las necesidades de seguridad. Para mantener el efecto disuasorio que se atribuye al arsenal nuclear los militares creen que necesitan de más flexibilidad.

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