Una férrea negociadora
La líder alemana ha tenido que salvar más obstáculos que ninguno de sus antecesores hasta conseguir la investidura, tras decidir en 2016 que iba a luchar por la reelección, de acuerdo a la norma alemana de que un canciller no rehuye voluntariamente las urnas. En ese momento parecía relanzada como modelo de estabilidad entre líderes de comportamiento imprevisible pero la situación que se encontró tras las elecciones generales del 24 de septiembre de 2017 fue de debilidad.
Su bloque conservador obtuvo un 33 % de los votos, el segundo resultado más bajo desde 1949; los socialdemócratas se hundieron en su mínimo histórico, un 20,5 %, y la ultraderecha entró en el Bundestag.