Diario de León

OBJETO DE MEME

China prohíbe última película de Winnie the Pooh para evitar chanzas sobre el presidente

El osito se ha convertido en un símbolo de la resistencia democrática y en un vehículo para reírse de Xi Jinping

Uno de los memes sobre el presidente chino que más han circulado por las redes. /

Uno de los memes sobre el presidente chino que más han circulado por las redes. /

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ADRIÁN FONCILLAS
León

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Ni el Dalai Lama, ni los uigures en el exilio, ni Amnistía Internacional, ni el gremio disidente. El mayor desvelo de los censores chinos es Winnie the Pooh, ese osito al que Pekín ve claros síntomas contrarrevolucionarios. Lo previsible se confirmó ayer: su última película, 'Christopher Robin: un encuentro inolvidable', tampoco llegará a los cines chinos.

El osito se ha convertido sin pretenderlo en un símbolo de la resistencia democrática y en un vehículo para reírse del presidente Xi Jinping. Todo empezó en el lejano 2013 durante la primera visita de Estado de Xi a Washington. Una foto que lo mostraba caminando junto al espigado expresidente Barack Obama empujó a un internauta a relacionar su escaso porte con el personaje de dibujos animados.

Los memes del osito rechoncho y torpón han reaparecido cíclicamente. También al año siguiente para compararlo con Xi cuando estrechaba la mano de su homólogo japonés, Shinzo Abe, en una foto que revelaba que ambos querían estar a miles de kilómetros de ahí. Y otra vez, cuando Xi saludó a la plebe en un coche descapotable durante un pomposo desfile militar en el 2015, los internautas encontraron un fotograma análogo de Winnie.

Volvieron los censores a sudar tras la muerte de Liu Xiaobo. Por la red circulaba una fotografía donde el Nobel de la Paz desayunaba con una taza con la imagen de Winnie. Parecía vieja, tomada con seguridad antes de que el osito se confirmara como un enemigo de Pekín. Fue un perverso guiño póstumo: era imposible concentrar más subversión en una foto.

Castigo a HBO

La última aparición de Winnie castigó a la cadena de cable HBO. El cómico británico John Oliver espolvoreó algunos chistes sobre Xi entre el listado sucinto de violaciones de derechos humanos. Pisó todos los callos que pudo durante 20 minutos pero no es aventurado asegurar que la furia censora fue desatada por incluir los célebres memes. Primero desaparecieron las alusiones en Weibo, la red social análoga a Twitter. Después desaparecieron los fragmentos del programa. Y por último desapareció la cadena.

La foto del desfile militar del 2015 fue la más censurado del año, según Global Risks Insight. La organización especializada explicó luego que Pekín la veía como "un serio intento de socavar la dignidad de la oficina presidencial y de Xi Jinping". También subrayaba la paradójica censura cuando el Partido Comunista de China se esfuerza en desarrollar un desaforado culto a la personalidad y perfilándolo como un líder benevolente. Y Winnie lo es.

Los chinos no podrán ver la última película de Disney, protagonizada por Ewan McGregor y dirigida por Marc Foster. Pekín no ha explicado las razones. China solo permite el estreno de 34 películas extranjeras al año para proteger a su industria nacional y le llevaría mucho tiempo justificar todos los rechazos. Pero la producción se ajustaba al perfil seleccionado con frecuencia: una gran producción que pueda dejar pingües beneficios en taquilla, temática familiar sin aderezos políticos e inocuos peluches. Ocurre que por ahí pasaba Winnie the Pooh, ese improbable símbolo de la lucha democrática en China por su lejana semblanza al intocable Xi.

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