Sometidas desde niñas
Para reflejar lo normalizada que está la violencia doméstica, una entrevistada relata que la policía acudió un día a su casa alertada por sus gritos y le pidió a su marido que no le pegara «tan fuerte», y a ella que se «portara bien, que aguantara el castigo y que no le hiciera enojar tanto». Desde niñas a las norcoreanas también se les enseña que «deberían avergonzarse si son objeto de abuso por parte los hombres», lo que crea un entorno que estigmatiza a las poquísimas víctimas -solo una de las entrevistadas denunció haber sido violada- que se atreven a hablar y les genera otro incentivo para guardar silencio. Además de en el transporte público, en el trabajo o en el hogar el texto muestra lo extendida que está la violencia sexual en los diversos centros de detención del país, por donde pasaron muchas de las entrevistadas al ser sorprendidas tratando de huir de Corea.