Diario de León

OPINIÓN Enrique Vázquez

Bandidismo político

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Dos de los seis filipinos secuestrados el pasado martes por activistas del grupo Abu Sayyaf fueron asesinados y sus cabezas encontradas ayer en Jolo, un feudo de la banda. Explícitamente, un mensaje escrito aclaraba que la muerte es lo que espera a quienes se oponen a creer en Alá: los dos pobres muertos, representantes de productos de perfumería y aparentemente alejados el martes de labores de proselitismo, eran Testigos de Jehová. Del brazo de la yihad (guerra santa) reaparece así Abu Sayyaf unas semanas después de que los trescientos soldados norteamericanos de las fuerzas especiales abandonaran el país (dejando un pequeño retén) según el calendario previsto de su colaboración con el ejército filipino. La embajada norteamericana en Manila emitió un duro comunicado de condena de este criminal acto terrorista. El incidente sería relativamente menor si no concurriera esa circunstancia, vinculadas al contexto anti-terrorista en que se mueve la política de Washington. El gobierno filipino aceptó la presencia norteamericana, en un clima de controversia que llevó a la dimisión del ministro de Exteriores por leales discrepancias con la presidenta Gloria Arroyo. Los temores de que la avanzadilla norteamericana se convirtiera en un cuerpo expedicionario en toda regla sobre la base de que Abu Sayyaf tiene una estrecha relación con Al Qaida no se ha confirmado, pero el acuerdo Manila-Washington implica la vuelta, en octubre, de un nuevo contingente, más numeroso: unos novecientos especialistas que deben terminar de crear tropas de élite filipinas y darles apoyo logístico. El esfuerzo no fue vano: Abu Sayyaf, cuyos efectivos operacionales no exceden de unos trescientos hombres, se replegó y acusó el duro acoso. Uno de sus jefes militares, Abu Sabaya, murió en combate con el ejército -aunque su cuerpo no fue encontrado- y la política informativa también tuvo eco: el grupo fue presentado como lo que es, un conjunto de pandillas locales entregadas al secuestro y la extorsión. Este bandidismo político es un eco residual del viejo tronco del secesionismo musulmán en el sur del gran archipiélago: el Frente Moro de Liberación Nacional, del que procede. Con el Frente hubo y hay negociación permanente y alguna clase de acomodo. Con Abu Sayyaf, no. Y el público lo respaldo: un sondeo ha probado que una mayoría de ciudadanos filipinos aprueba la presencia militar norteamericana en la región...

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