El primer ministro británico quiere construir un puente entre el presidente de EE UU y los países europeos
Macron propone desplegar un ‘paraguas nuclear’ en Europa para frenar a Trump
Starmer vuela a Washington para su esperada reunión con Trump e intentar cerrar la brecha
Trump ayer, en la reunión con su gabineta en la Casa Blanca.
El presidente francés abrió ayer la puerta a desplegar un 'paraguas nuclear'. la actitud del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su acercamiento a Putin a alentado a Macron a hacer esta propuesta, que contaría en principio con el visto bueno de Londres.
Se resucita así una vieja idea, la protección nuclear compartida en la UE teniendoe n cuenta los arsenales francés y británico. El proyecto de una defensa común y nuclear se abre paso en la UE, al menos se abre paso el debate sobre la necesidad de tenerla.
Mientras, el primer ministro británico, Keir Starmer, se reunirá este jueves con Donald Trump en Washington, con la esperanza de que el presidente de Estados Unidos reconozca el papel de los países europeos en la defensa de Ucrania. Parte al encuentro tras haber anunciado un aumento notable de la inversión en armamento a costa de la reducción de la ayuda al desarrollo —salvo en Ucrania— a Gaza y Sudán.
Pocas veces el vuelo de un primer ministro británico a un país extranjero ha tenido a la población pendiente, después del ingenuo y fracasado viaje de Neville Chamberlain a Múnich para apaciguar a Hitler en 1938. Margaret Thatcher, en 1987, voló a Moscú. La acompañaron al Telón de Acero su jefe de prensa y su asesor para asuntos internacionales, Charles Powell. Resultó un viaje barato y la Dama de Hierro fue vitoreada por la población rusa. Fue entrevistada con agudeza en la televisión durante casi una hora y la mujer que sentía más simpatía por Mijaíl Gorbachov que por el canciller alemán, Helmut Kohl, habló en primera persona del plural, como representando a todo Occidente, en su argumentación en favor de la libertad y del desarme nuclear. Tony Blair tuvo también un viaje célebre al rancho Crawford de George W. Bush, en Texas.
El de 2002 les sirvió para planear cómo iban a desencadenar la invasión de Irak. Según las minutas anotadas por un asesor del británico, el nivel de preparación para la guerra era mínimo. Y cuando se pusieron a trabajar, Bush insistió en que el mundo sería mejor sin Saddam Hussein. También quería estabilidad.
Las vicisitudes de un político contemporáneo son más agotadoras que en tiempo de Chamberlain, aunque este fue el primer dignatario que viajó en avión a un encuentro diplomático. Starmer partió en la tarde del miércoles hacia Washington tras cumplir con el ritual de someterse durante unos treinta minutos a las preguntas de cualquier diputado en la Cámara de los Comunes. El primero, conservador, fue abucheado por mencionar asuntos ya tratados. El siguiente, laborista, felicitó a su propio Gobierno por las mejoras de una escuela en Leicester, su circunscripción. Se habló de Irlanda del Norte, sobre cómo acabar con los grupos paramilitares que siguen existiendo y parasitan los barrios. También de un suicidio, de dos cuchilladas en Bournemouth.
El exprimer ministro Rishi Sunak se puso en pie para hablar del cáncer de próstata y Starmer se lo agradeció. Clare Short, exministra laborista para Ayuda al Desarrollo en la época de Blair afirmó a una revista del partido que, reduciendo los fondos de ayuda gubernamental para comprar armas, el laborismo de Starmer ha dejado de ser de izquierdas. El malestar que habría causado esa decisión entre simpatizantes laboristas quizás sea denso pero ayer sólo hubo una voz en contra.