Un multitudinario funeral de Estado refuerza al régimen iraní
Teherán despide con cientos de miles de personas en las calles a más de 60 asesinados por Israel

Los ataúdes del científico Sadati y su familia en la ceremonia fúnebre en Teherán.
Cientos de miles de iraníes se echaron a las calles de Teherán ayer para participar en el funeral de Estado de más de 60 fallecidos en los doce días de guerra con Israel. La capital despidió a altos mandos militares, científicos nucleares, mujeres y niños. En total, las autoridades de la república islámica elevaron a 627 el número de muertos, mientras que en Israel fueron 28.
El presidente Masoud Pezehskian y altos cargos de la Guardia Revolucionaria como Esnail Qaani tomaron parte en un cortejo fúnebre que partió de la Universidad de Teherán y llegó hasta la plaza Azadi. Los ataúdes se cubrieron con la bandera nacional y el funeral se convirtió en una protesta masiva contra la agresión externa lanzada por sorpresa por los israelíes, que lograron asesinar a 30 altos cargos militares y 11 científicos clave del programa atómico.
El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, declaró durante el funeral que «los iraníes dieron sangre, no tierra; dieron a sus seres queridos, no honor; resistieron una lluvia de mil toneladas de bombas, pero no se rindieron", y recalcó que su nación no conoce la palabra «rendición». Entre los altos cargos del régimen que asistieron al funeral estaba Ali Shamkani, a quien Israel dio por muerto en los primeros días, pero el ex ministro de Defensa y asesor de Alí Jamenei logró superar las heridas sufridas y fue uno más en el funeral.
Si en el país hebreo la popularidad de Benjamín Netanyahu ha crecido tras su decisión de atacar a Irán, en la república islámica también se ha producido un efecto de unidad, e incluso voces críticas con el régimen se han unido en señal de protesta por el ataque. Muchos iraníes sueñan con un cambio de régimen, pero no así. Los iraníes despidieron a los suyos bajo el eco de las críticas de Donald Trump al Líder Supremo. Jamenei, desaparecido durante las casi dos semanas de guerra, pronunció un discurso en el que dijo que obtuvieron una «victoria decisiva» y que Estados Unidos se vio forzado a intervenir con los bombardeos contra las plantas nucleares para impedir «la destrucción de Israel». Trump le respondió en redes sociales y escribió que salvó al Líder Supremo «de una muerte muy fea e ignominiosa» porque asegura que sabían dónde estaba refugiado. El presidente se mostró enojado por el tono empleado por Jamenei y ordenó detener el posible levantamiento de sanciones a la república islámica, «un país quemado y destruido, sin futuro, con un ejército diezmado, una economía horrible y muerte a su alrededor».
En medio de este rifirrafe verbal, aún no está claro cuál es el daño que la intervención de Estados Unidos, con sus bombas contra búnker, ha causado en el programa nuclear iraní. Trump afirma que ha quedado completamente destruido, mientras que Jamenei ha afirmado que «los ataques de América no han hecho nada significativo» y ha asegurado que retomará sus planes atómicos. En una situación intermedia se ha situado el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, quien reconoció que el daño ha sido «grande y serio». El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), se ha limitado a pedir que se le conceda el acceso a las tres infraestructuras bombardeadas.