Diario de León

Delcy, Ábalos y ZP: La criptonita de Sánchez tras la caída del chavismo

El fin del régimen podría arrojar luz sobre asuntos comprometedores para el Gobierno

José Luis Rodríguez Zapatero saluda a Nicolás Maduro.

José Luis Rodríguez Zapatero saluda a Nicolás Maduro.miraflores

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Agencias
Madrid

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El Gobierno aguarda con expectación, como el resto del mundo, el plan que tiene en mente Donald Trump para la Venezuela poschavista. Las turbulentas relaciones inauguradas con la llegada de Hugo Chávez al poder no han hecho mella en los estrechos vínculos históricos y económicos entre ambos países. No en vano, España es el país de la Unión Europea con mayores intereses en el país caribeño, y, por tanto, también el que más se juega en este terreno con el cambio de régimen. La intervención era la última opción que deseaba Pedro Sánchez, que ha desempeñado un papel discreto en la crisis defendiendo una salida negociada que se ciñese al Derecho Internacional. La cautela exhibida por el presidente, sobre todo antes de la comparecencia de Trump para detallar la operación ‘Resistencia absoluta’, contrasta con las críticas públicas que sí lanzó contra el líder estadounidense en otros asuntos como el aumento de la aportación de fondos a la OTAN o la solución a la guerra en Ucrania.

Actualmente residen en España cerca de medio millón de venezolanos. Suponen además la primera nacionalidad en cuanto a solicitudes de asilo con un 58% del total registrado entre los meses de enero y octubre. El fin del chavismo puede derivar en un nuevo aumento de la presión migratoria que obligaría a redoblar los esfuerzos en asimilación e integración Consecuencias La intervención de Estados Unidos traerá aparejadas consecuencias para España, anticipa Armando Jiménez, profesor del Grado en Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria. En el plano diplomático, Madrid se verá empujada a posicionarse a favor de uno u otro bloque, lo que le granjeará inevitablemente enemistades con terceros países. La caída de Maduro también podría arrojar luz sobre asuntos que pueden resultar comprometedores para el Gobierno de Sánchez, según apunta el profesor Jiménez. Existen varias sombras sobre una posible colaboración oculta entre Madrid y Caracas. La principal gira en torno a la escala que la vicepresidenta Delcy Rodríguez realizó en el aeropuerto de Barajas, con intervención del hoy apestado exministro José Luis Ábalos, pese a tener prohibida la entrada en territorio de la Unión Europea. Aunque sin pruebas, también sobrevuelan sospechas sobre la posible compra de petróleo a bajo precio por parte de España o la entrada ilegal tanto en territorio nacional como de la UE de oro extraído en el país latinoamericano, uno de los mayores exportadores del mundo del metal precioso. A todos estos problemas que se plantean de cara a un futuro próximo hay que sumar un nombre propio: José Luis Rodríguez Zapatero. El expresidente socialista estrenó en 2016 su papel de negociador entre el régimen venezolano y la oposición. Desde entonces le han llovido las críticas por supuesta parcialidad a favor del chavismo, lo que según argumentan sus detractores, sin pruebas de por medio para demostrarlo, le habría reportado pingües beneficios económicos. Sobre él no pesa ninguna investigación judicial aunque tres encausados por el ‘caso Koldo’ lo han implicado en oscuros negocios dentro de Venezuela o en el rescate de 53 millones a Plus Ultra, compañía de capital ligado al chavismo. De hallarse indicios de algunas de estas acusaciones el presidente del Gobierno perdería a uno de sus aliados más preciados en política nacional.

A ZP le han llovido las críticas por supuesta parcialidad a favor del chavismo por pingües beneficios

El presidente condena la intervención junto a la izquierda hispanoamericana

El Gobierno se moviliza en el plano internacional para encabezar el rechazo a la intervención en Venezuela y a la captura de Nicolás Maduro por orden de Donald Trump. Tras la tibieza inicial en la reacción del Ejecutivo, que no llegó a condenar el ataque en un primer momento, España se unió este domingo a Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay para mostrar su rechazo «frente a las acciones militares ejecutadas unilateralmente». El texto conjunto advierte que la intervención de Washington «contraviene principios fundamentales» del derecho internacional, en particular la prohibición del uso y la amenaza de la fuerza, así como el «respeto a la soberanía y a la integridad territorial de los Estados", principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas. Según señalan, este tipo de hechos constituye «un precedente sumamente peligroso para la paz y la seguridad regional» y «pone en riesgo a la población civil». Los gobiernos firmantes subrayan que la crisis venezolana «debe resolverse exclusivamente por vías pacíficas", apelando al «diálogo, la negociación y el respeto a la voluntad del pueblo venezolano", sin injerencias externas y con estricto apego al derecho internacional y remarcan que «solo un proceso político inclusivo puede derivar en «una solución democrática y sostenible".
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