La oposición venezolana en España se va para reorganizarse como lobby en EE UU
Los principales líderes exiliados se encuentran en una posición de poca influencia hacia una transición democrática en el nuevo escenario impuesto por Trump

Fotografía publicada por el líder opositor venezolano Edmundo González en su cuenta oficial de la red X durante su conversación con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, quien le traslado el apoyo de España a una "transición pacífica, dialogada y democrática, liderada por los propios venezolanos".
Refugiados en España, después de agresiones o condenas, la disidencia venezolana en el exilio intenta reclamar su espacio en el escenario creado por Donald Trump, aliado ahora con los mismos viejos dirigentes del chavismo. En España tienen residencia el presidente electo Edmundo González y los líderes Leopoldo López, Julio Borges o Antonio Ledezma, que han ocupado altos cargos en Venezuela y que aspiran, o aspiraron, a dirigir el país caribeño. «Las primeras horas de este proceso corresponden a lo que, en toda transición, se conoce como la fase de liberación», mantiene Julio Borges, fundador del partido Primero Justicia y expresidente de la Asamblea venezolana. «Esa fase implica la salida del dictador como cabeza del régimen. Eso ya ocurrió. Pero ahora el desafío es mayor. No basta con haberle quitado la cabeza a la dictadura: hay que desmontar el cuerpo que todavía permanece. Todas las transiciones son difíciles, complejas y desordenadas. No son procesos limpios ni perfectos. Lo esencial es no perder el foco, que es la democracia, y no permitir que el madurismo se reorganice para resistir o reciclarse bajo nuevas formas», señala.
Descolocados ante la decisión de no reconocer los resultados electorales que daban el triunfo a González como figura interpuesta de María Corina Machado, se habla ahora de una transición difícil y se da la razón a Trump, según varias apreciaciones, porque la élite política de la oposición no tiene poder sobre los que están ahora en las instituciones, sobre todo las Fuerzas Armada y los cuerpos paramilitares. «Ni están en el terreno ni tienen gente allí», dice un analista que recuerda que, desde que Estados Unidos entró en Venezuela, Trump no habla ni del Cártel de los Soles ni de la banda criminal Tren de Aragua. Tampoco de democracia.
«A la oposición que está fuera de Venezuela le toca planear la próxima campaña y prepararse para un eventual debate de nuevas leyes», explica Pedro Díaz Blum, exparlamentario de la Asamblea venezolana y coordinador del Grupo de Boston, que se dedica desde 2002 a la mediación entre oficialismo y oposición. «Los opositores que siguen dentro se fortalecerán, pero a los que se fueron no se les espera ni se ve su regreso en el corto plazo». ¿Están fuera de juego? «No, pero tampoco tienen peso en la toma de decisiones. Su papel estelar está en tratar de influir en el Gobierno estadounidense, obviamente a través de los lobbys, para que sean los norteamericanos los que presionen a Trump».
Coincidencia o no, a pocos días de la operación que acabó con Nicolás Maduro tras las rejas de una prisión de Nueva York y que apartó a Machado, al menos dos de ellos, Ledezma y López, estaban en Estados Unidos. Este periódico intentó entrevistarles de manera directa, sin obtener respuesta. «En el fondo quieren que les den a ellos la posibilidad de estar en un futuro gobierno», asegura una fuente.
Después del gesto de Machado de querer compartir el Nobel de la Paz con Trump, el presidente estadounidense anunció que se reuniría con ella en la Casa Blanca esta misma semana. «Vemos muy positivo que pueda darse ese encuentro para que la Unidad Democrática sea un referente principalísimo en la transición», defiende Borges. El viaje de Machado parece confirmar esa estrategia de hacer política venezolana en suelo de Estados Unidos.
Las fuentes consultadas coinciden en que los partidos políticos ajenos al oficialismo están «disminuidos y desorganizados», lo que dificulta que puedan aprovechar este momento de transformaciones, con nuevas reglas y leyes. «Hoy la oposición tiene una organización precaria: partidos ilegalizados o confiscados, dirigencias en el exilio, estructuras perseguidas», reconoce Borges, con residencia en Madrid, al igual que el presidente electo, y ahora desconocido, González Urrutia, quien ve el tablero como algo ajeno, como si no le tocara mover ficha. «La oposición que ha resistido con coherencia y firmeza debe ser el eje de la transición y Edmundo González debe formar parte de ese proceso, porque la transición debe ser nacional e inclusiva», advierte Borges.
Pero en un país en el que «no hay Fuerza Armada institucional, no hay justicia independiente, no hay policía democrática, no hay árbitro electoral confiable ni una Asamblea legítima», según enumera Borges, el destino puede cambiar en pocos meses. «No veo que González vaya a tener ningún papel en este proceso», sostiene Díaz Blum. «Sin embargo, María Corina y Leopoldo López tienen que hacer su trabajo en Estados Unidos, hacer presión allí para que puedan opinar en esta transición y puedan participar en unas elecciones», reclama.
¿Regresarán los políticos desterrados, la mayoría aspirantes a ocupar la silla presidencial? «Como millones de venezolanos en el exterior, espero que se den las condiciones para regresar y colaborar con humildad. El proceso sigue abierto, el parto continúa y ahora es imprescindible seguir empujando», responde Borges, que exige la liberación total de los presos políticos, el desarme, la convocatoria de elecciones locales y parlamentarias y el desbloqueo de internet, entre otras medidas urgentes.
Otra función que podrían hacer los políticos refugiados en España, según los analistas consultados, es la de servir como "canales de comunicación" entre la oposición que sigue dentro del país y los apoyos que ellos han cosechado fuera de las fronteras venezolanas. "Le tocaría hacerlo a González, que ya no tiene ambiciones ni quiere liderar nada y parece que quiere quedarse en España", explican. "Además, él no tiene liderazgo. Ganó porque lo puso María Corina", precisan.
¿Qué influencia tienen aún en su país los políticos que están en España, algunos desde hace varios años? "Sólo la volverían a tener si se alían con los que siguen dentro de Venezuela", ratifica una fuente. No obstante, los que están fuera desconfían de los que están dentro, ocupando espacios en la Asamblea Nacional, conocidos como "alacranes" por haber roto la unidad durante el Gobierno de Juan Guaidó como presidente interino y haber pactado con Maduro en el Parlamento en 2020 a cambio de supuestos sobornos.
Para Borges debe llevarse a cabo un "proceso necesario de renovación política, pero esa renovación debe ser nítida: no comprada por la dictadura, no 'alacrana', no funcional al madurismo. Hay que marcar distancia con la falsa oposición que hoy ocupa espacios ilegítimos", denuncia. En este sentido, los puentes están rotos.