Críticas en EE UU por las ventajas que obtiene Irán en la firma de paz con Trump

El texto concede a Teherán venta de crudo, 300.000 M, fondos congelados y aplaza el tema nuclear.La Administración republicana intenta vender el acuerdo como un triunfo y se agarra a la apertura de Ormuz

Trump ayer, en la cumbre del G-7 celebrada en Evián, Francia.YOAN VALAT

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David Alandete
Evián (Francia)

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En el acuerdo de 14 puntos que se ha filtrado antes de la firma del viernes, Estados Unidos e Irán pactan el fin permanente de la guerra que comenzó en febrero, la reapertura del estrecho de Ormuz, el levantamiento progresivo de sanciones, un alivio económico para Teherán y una negociación en 60 días sobre el futuro del programa nuclear persa. Incluye beneficios claros para la República Islámica, como la venta autorizada de petróleo y petroquímicos, la liberación de fondos congelados, un plan económico de reconstrucción de al menos 300.000 millones de dólares y el mantenimiento provisional de su proyecto atómico mientras se negocia el pacto final. La cadena CNN ha tenido acceso a él antes que los demás medios.

La Administración Trump intenta vender el acuerdo como un triunfo porque pondría fin al conflicto, reabriría el estrecho, limitaría el riesgo de una guerra total y arrancaría de Irán la promesa de no fabricar armas nucleares. Pero las reservas en Washington son crecientes: el texto deja para una negociación posterior el destino del uranio enriquecido y de todo el programa atómico iraní, concede a Teherán alivio económico y margen para vender petróleo desde el inicio, no detalla aún mecanismos concretos de verificación y abre la puerta a un levantamiento amplio de sanciones a cambio de compromisos que, por ahora, quedan pendientes de ese otro acuerdo final en 60 días.

Trump está a la defensiva ante las dudas sobre el alcance real del acuerdo. Preguntado por el pacto con Irán, respondió durante su visita al G7 en Francia: «No, no es definitivo. Es un memorando de entendimiento». Y añadió una amenaza directa a Teherán: «Si no me gusta, si no se comportan, volveremos a lanzar bombas justo en medio de sus cabezas». Es decir, aunque la Casa Blanca intenta presentarlo como una victoria diplomática, el propio mandatario admite que no es un documento final, sino un marco provisional que deja abierta la posibilidad de volver a los ataques si el régimen de los ayatolás no cumple. La firma será este viernes en Suiza, y acudirá el número dos, JD Vance.

Para muchos republicanos en EE UU, las partes más difíciles de asumir son las que parecen conceder pingües beneficios económicos a Irán antes de que quede resuelto el meollo del problema: su programa nuclear. En concreto, el memorando filtrado a CNN prevé ese levantamiento progresivo de sanciones y un plan de reconstrucción y desarrollo de al menos 300.000 millones de dólares. El punto sensible es que todo eso puede parecer una recompensa a Teherán mientras el destino del uranio enriquecido, las inspecciones y el desmantelamiento real del proyecto atómico quedan para una negociación posterior.

El fondo de reconstrucción es polémico por su tamaño y por el efecto político que tiene. Son, al fin y al cabo, 300.000 millones para la rehabilitación y el desarrollo económico de Irán, algo que suena, para los halcones republicanos, a un rescate del régimen. Según Reuters, sería un fondo de inversión privada, no ayuda pública ni reparaciones, con aportaciones de empresas de EE UU, países del Golfo, Asia, Sudamérica y África, y orientado a energía, logística, manufactura y transporte.

La Administración Trump insiste en que no habría dinero del contribuyente estadounidense y que el fondo dependería del cumplimiento persa, incluido el desmantelamiento nuclear y la aceptación de inspecciones estrictas. Pero aun así el problema político es evidente, pues el inquilino de la Casa Blanca tendría que explicar por qué, después de bombardear a Irán y prometer máxima presión, hasta plantear un cambio de régimen, acepta un plan que puede inyectar capital masivo en la economía de la República Islámica, beneficiando al sistema al que acaba de descabezar y al frente del cual está Mojtaba Jamenei, el hijo del anterior Líder Supremo, Alí Jamenei.

También puede ser polémico que el texto no especifique aún qué ocurrirá con el uranio altamente enriquecido, que no detalle del todo los mecanismos de verificación y que deje mucho a un acuerdo final posterior. Algunos republicanos ya han pedido más transparencia y detalles en el Capitolio, en especial sobre cumplimiento, sanciones y seguridad regional. El año pasado, el 27 de junio de 2025, Trump ya atacó instalaciones nucleares iraníes y dio su programa en ese ámbito por muerto.

En esas complicadas negociaciones, las comparaciones con Barack Obama pueden ser especialmente delicadas para Trump. Durante años el hoy presidente presentó el pacto nuclear previo, el de 2015, como un desastre, un acuerdo débil, lleno de concesiones y favorable a Teherán. Ahora sus críticos pueden decir que él está aceptando algunos elementos parecidos o incluso más difíciles de defender políticamente, como el alivio de sanciones, acceso iraní a fondos congelados, venta de petróleo, negociación diferida sobre el programa atómico y un compromiso general del régimen de no fabricar armas de ese tipo.

Obama vendió su acuerdo como un marco nuclear técnico, con límites, inspecciones y verificación internacional. En este caso, según lo que se conoce del memorando, Trump intenta cerrar primero el cese de la guerra y la reapertura de Ormuz, pero muchos detalles nucleares quedan aplazados al pacto final de 60 días, que será complicado de sellar. Eso abre para los demócratas una línea de ataque muy incómoda, que de hecho ya explotan: que el presidente bombardeó Irán, declaró victoria y acabó negociando un documento provisional con alivio económico para la República Islámica antes de solventar del todo la cuestión atómica.

El presidente se reconcilia con Europa

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha presumido este miércoles de que la reunión de los líderes del G7 en los Alpes ha sido «objetivamente un éxito». El anfitrión de la cumbre ha subrayado «la unidad» que hubo durante los tres últimos días en Évian-les-Bains entre los mandatarios de Francia, Alemania, Italia, Japón, Canadá y el Reino Unido y el mandatario estadounidense, Donald Trump.

Tras el acuerdo de paz alcanzado el pasado domingo entre Irán y Estados Unidos, el inquilino de la Casa Blanca se ha mostrado en la localidad balnearia gala menos intempestivo que en otras reuniones con el mismo formato. Macron lo ha aprovechado para destacar «las negociaciones de calidad y una verdadera cooperación» durante una cumbre que tuvo lugar después de unos últimos meses marcados por fuertes tensiones en las relaciones transatlánticas a causa de la guerra en Oriente Medio y las veleidades de la Administración Trump sobre Groenlandia.

"Estos últimos meses estuvieron marcados por fragmentaciones y divisiones", admitió el dirigente francés. A diferencia de lo ocurrido hasta ahora, Macron ha presumido de la ausencia de rifirrafes durante los tres días en los que se ha visto a un Trump menos lenguaraz y algo fatigado. Según el dirigente galo, esta aparente sintonía entre los europeos y el estadounidense refleja un mayor entendimiento respecto a su posición sobre Ucrania. «Ha sido la primera vez en que ha habido tal convergencia en un G7» sobre la guerra entre Kiev y Moscú, subrayó.

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Uno de los frutos de esta cumbre de Évian ha sido una breve declaración conjunta sobre Ucrania, publicada durante la madrugada del martes al miércoles. Los mandatarios de las potencias piden en ella «aumentar la aportación militar a Kiev» y, en concreto, «reforzar sus capacidades de defensa aérea, los sistemas de misiles interceptores y los de larga distancia». Además, se pusieron de acuerdo para «incrementar la ayuda» económica para el sector energético del país invadido en aras de que se prepare a un próximo invierno difícil.