Cinco años del regreso de los talibanes

Tres mujeres con burka en las calles de Kandahar.
Cinco años después de la caótica retirada de Estados Unidos de Afganistán, que puso fin a la guerra más larga de su historia, el fantasma de aquella salida vuelve a sobrevolar Washington mientras Trump busca una vía para poner fin al conflicto con Irán sin proyectar la misma imagen de debilidad. Ambos conflictos tienen naturalezas y dimensiones muy distintas, pero la profunda herida política y militar que dejó la retirada de Kabul en 2021 sigue condicionando el debate estadounidense sobre el uso de la fuerza en el exterior y sobre la credibilidad de Estados Unidos en el tablero global. La retirada de Afganistán concluyó el 30 de agosto de 2021, tras una ofensiva fulgurante que desmoronó en cuestión de semanas al Gobierno y al Ejército afganos, entrenados y financiados durante años por Washington y sus aliados. Las imágenes de la apresurada evacuación del personal diplomático y de los afganos que habían colaborado con Estados Unidos dieron la vuelta al mundo, mientras un atentado en el aeropuerto de Kabul mataba a 13 militares estadounidenses y más de 170 civiles. Tras dos décadas de guerra, miles de millones de dólares invertidos y más de 2.400 soldados estadounidenses muertos, Afganistán regresó a la casilla de salida. La lección que deja Kabul, por tanto, ya no es solo el riesgo de prolongar guerras indefinidamente, sino el precio de no tener una estrategia clara para el día después, especialmente para una superpotencia que trata de rivalizar con el ascenso de China en el tablero mundial. Paradójicamente, mientras Afganistán sigue proyectando su sombra sobre la política exterior estadounidense, el país ha desaparecido casi por completo de las prioridades de Washington.