El eclipse del siglo colma de asombro y emoción a León
Miles de personas se echaron al monte, a las grandes explanadas y a las azoteas para disfrutar del eclipse total de Sol en León. El Palacio de Exposiciones, centro neurálgico de la Agencia Espacial Europea para la divulgación científica, se abarrotó en una observación multitudinaria y entretenida. León bullió de asombro y emoción bajo la sombra de la Luna.

La oscuridad envolvió a una multitud emocionada en el Palacio de Exposiciones en el momento de la totalidad.
La temperatura cayó levemente, los perros ladraron y una gran ovación salió rumbo al cielo en el momento culmen del eclipse mientras la sombra de la Luna sobre el Sol oscurecía la ciudad.
León vivió el evento astronómico del siglo de la mano de la ciencia, en la naturaleza y en los espacios urbanos con mejor visibilidad hacia el oeste.
Una ola de asombro envolvió a las miles de personas —14.000 solo en el Palacio de Exposiciones— que siguieron el espectáculo al tiempo que la sombra de la Luna sobre el Sol mudaba el día en noche en un crepúsculo irrepetible.
«Emocionante. Hay que vivirlo para sentirlo», comentó Altagracia, una leonesa de origen dominicano entre las miles de personas que acudieron a contemplar el evento astronómico al Palacio de Exposiciones de León.
De Madrid, de Alemania, de Suiza, desde Los Ángeles, la República Checa... La explanada leonesa se convierte en una torre de Babel en la que era más fácil escuchar hablar en inglés que en español. «León es realmente perfecto», comentó Doeun, una coreana que estudia Negocios en Alemania. Junto a su compañero de estudios, Rafael, brasileño de Sao Paolo, viajaron hasta León desde el sur de Francia, tan solo por un día, para vivir el eclipse. «Miré por internet y vimos que Burgos quedaba más cerca, pero nos decidimos por León por el evento» de la Agencia Espacial Europea (ESA). La noche de verdad la pasarán en autobús.
Una familia suiza se desplazó desde Asturias, donde habían elegido ver inicialmente el eclipse, hasta León «because Gijón is cover (está nublado)». Cierto. Precavida fue otra familia de Pontevedra que, aprovechando las vacaciones, vio en León un lugar de visibilidad garantizada.
José María se acercó desde mucho más cerca. El barrio de El Ejido, pero su viaje no es menos meritorio. Se subió a un autobús con su andador que le dejó en la calle Astorga y desde allí se desplazó a pie hasta el Palacio de Exposiciones.
«Impresionante», afirmó el hombre recordando los tiempos en que acudía a los cursos de astronomía en el IES Padre Isla con el profesor José María Pérez Gómez de Tejada, fundador del primer observatorio astronómico de León.
«Creía que iba a ser más oscuro», aseguró Dorcas Parada, que destacó que la observación, además de un momento único, fue «agradable, tranquilo y bien organizado» y «nos ha llamado la atención todas las precauciones».
Álex, un niño de 11 años que tiene su propio canal de You Tube en el que contará su experiencia, está emocionado después de la primera mirada a su primer eclipse. «He visto el mordisquisto. Es muy chulo», comenta con sus gafas en la mano. La familia Arechaederra, leonesa de origen vasco y que vive en Madrid, acudió al Palacio de Exposiciones con su equipamiento y viandas para disfrutar de un picnic durante el momento estelar.
Iván, Paula, Héctor y Lucía vivieron el eclipse como voluntarios de Universidad de León. Tres estudiantes de Ingeniería Informática y una de Ingeniería Mecánica dispuestos a vivir una experiencia nueva «que no se va a repetir en León». Han pasado 121 años desde que los leoneses vivieron un eclipse total de Sol. Para la mayoría, el anochecer repentino fue una sopresa. No había la sobreinformación que se generado con el primero de la triada de eclipses que atraviesan en España entre 2026 y 2028. Después de un día de intensa actividad a las 20.27’ 15’’ llegó el momento cumbre. «Todos con gafas hasta que avisemos». El asombro fue un eco colectivo mientras la sombra se apoderaba del entorno.
Subieron los leoneses a los altos. Cantamilanos se llenó según iba empezando el fenómeno, preparados para verlo desde una posición privilegiada de la ciudad. Todos equipados con sus gafas homologadas y algún que otro refrigerio sumado a un pequeño piscolabis permitió a familias, parejas y grupos disfrutar del evento de una forma ordenada.
Qué pasará, cómo se verá
Muchos otros llevaron sillas con sombrillas y telescopios para los más implicados en el eclipse. La tensión se palpaba en el ambiente, la gente vivió con la incertidumbre y la emoción de qué pasará, cómo se verá, qué ocurrirá y sobre todo con un cierto respeto a no quedarse malheridos debido al uso inadecuado de las gafas. Subieron grupos de gente desde la Junta hacia la colina, se escucharon advertencias como «si miras al sol ponte las gafas eh» una madre regañando a su hijo y Cantamilanos se abarrotó de gente. Durante la primera parte del eclipse, se multiplicaron los cuchicheos y los comentarios de asombro entre los asistentes: «Mira ya le ha comido un poco», decía una persona, alegando que la luna empieza a superponerse delante del sol. Poco a poco la Luna empieza a tapar aún más el sol, la gente no mira directamente al fenómeno, se pueden apreciar miradas tímidas y durante un tiempo escaso que hace reflejar el respeto que le profesa la gente al eclipse. Según va avanzando el eclipse y la Luna cubre aún más el Sol la gente va soltando gritos de impresión y se empieza a acabar el sentimiento de miedo o respeto por el de ansia para verlo completo. El sol está casi cubierto. La temperatura ha bajado, la luz es más tenue y no hace tanto calor. A las 20.24 horas el sol casi inexistente forma una especie de anillo que la gente aprovecha para fotografiar, imágenes para el recuerdo y para la historia del mundo de fenómeno que no deja a nadie indiferente. Dos minutos después es casi de noche. Un atardecer tenue que se hace raro, pues poco a poco, pero en escasos segundos, la luz comienza a desaparecer. Se hace de noche completamente, la gente comienza a alentar a la Luna que terminará tapando el sol. Aplausos y vítores en la oscuridad. Y la ciudad se quedó en silencio.
Poco a poco, en Cantamilanos, el sol vuelve a aparecer, la gente vuelve a aplaudir. El público sigue incrédulo ante este fenómeno. Se escuchan gritos de felicidad por lo que acaban de presenciar, algo histórico y único que hasta dentro de mucho tiempo no se volverá a repetir en León en mucho tiempo, aunque muchos ya tienen la vista puesta en el eclipse total de 2027 que será visible en Andalucía. Poco a poco se comienza a vaciar el mirador de Cantamilanos, aún se escuchan a turistas asiáticos celebrar haber visto el evento y representan al globo terráqueo entero, la gente que ha podido venir a presenciar esto a la provincia va a tener un hueco en los corazones de los visitantes para siempre.
«A ver si nos trae suerte»
La explanada de la Junta fue otro de los lugares predilectos de los leoneses para observar este fenómeno que pasará a la historia. Repartidos entre el césped, el parking y el asfalto, decenas de leoneses (y no leoneses) se congregaron para dar la bienvenida al encuentro entre los dos reyes astrales que rigen nuestro planeta: el Sol y la Luna.
Con las gafas puestas, y entre risas y exclamaciones de «¡Hala!» y «¡Se ve! Los asistentes abrían la boca impresionados por un evento que se quedará grabado para siempre en sus retinas (esperemos que sin lamentar daños) y en su memoria.
«Esto no lo hemos visto nunca. Entonces estamos contentos, La gente está contenta que es lo principal», palabras sencillas pero muy descriptivas de la expectación de la gente ante un evento tan inusual, pronunciadas por una señora que no se lo ha perdido. El eclipse es un acontecimiento con un halo de misticismo que suscita las supersticiones y teorías de la gente, algo que se ha repetido durante toda la historia de la humanidad: «A ver si nos trae suerte y se terminan las guerras», declara la señora.
A esta cita tampoco faltaron aficionados a las astronomía: tanto pequeños como mayores. Un pequeño aspirante a astrónomo, antes de que ocurriera la franja de totalidad, imaginó cómo sería con su propia magia: «Estará todo oscuro y todos los animales no van a hacer ningún ruido», comentó el niño. Este niño siente devoción por los astros, que materializa en maquetas y cohetes, y estuvo comprometido a entender este fenómeno de manera profunda desde el inicio del día, ya que acudió a los talleres impartidos en el Palacio de Exposiciones, en los que se contó con la presencia de la Agencia Espacial Europea: «Hice un reloj de sol y una caja oscura para ver el eclipse, pero mejor con las gafas porque se ve rojo», unas palabras que demuestran la concienciación de este niño acerca de cómo ver el eclipse de forma correcta. Él afirma que para él ver el eclipse es cumplir un sueño.
«El año que viene ya es para más abajo hay que desplazarse. Aquí al lado de casa hasta el siglo que viene ya no lo volvemos a ver.», aporta un hombre siendo consciente de que habrá que desplazarse fuera de León para ver el eclipse total del año que viene, por lo le da al acontecimiento el valor que merece.
Un ciudadano suizo rememoró un eclipse que vio hace años en su país de origen y lo comparó con el de ayer: «Es impresionante. La última vez lo vi en Suiza».
Tras la emoción de la ocultación y el eclipse total la gente se dio por satisfecha. Recogieron sus bártulos y emprendieron el regreso después del calor. El eclipse ya es historia.