Trump dice ahora que la ejecución del atacante de Fort Hood no será emitida en directo
El presidente de EE UU da marcha atrás al plan de su polémico secretario de Defensa, que tenía muy poco apoyo popular, para retransmitir el fusilamiento

Foto de archivo del presidente Donald Trump.
Donald Trump ha dado marcha atrás al polémico plan del Pentágono: emitir en directo por internet una ejecución militar, algo de lo que no hay precedentes en el mundo, ni siquiera en regímenes autoritarios en los que las ejecuciones públicas todavía existen. Se trata de la aplicación de la pena capital a Nidal Malik Hasan, el autor de la matanza en la base militar de Fort Hood (Texas), en 2009, en la que murieron 13 soldados y otros 32 resultaron heridos. Hasan, hijo de inmigrantes palestinos, se había radicalizado y su acto terrorista tuvo motivación yihadista.
El presidente de EE UU recibió primero con buenos ojos la idea de su polémico secretario de Defensa, Pete Hegseth, de retransmitir la ejecución de Hasan. "Por supuesto", dijo poco después de que Hegseth anunciara el plan en una entrevista el mes pasado con una figura mediática de extrema derecha. Unas semanas antes, Trump había dado su visto bueno a que la ejecución fuera por un método que parece de otra época: el pelotón de fusilamiento. La ejecución está prevista para el 3 de diciembre.
Pero pronto quedó claro que dejar como parte de su historial presidencial la primera emisión por internet de una ejecución no era una buena idea.
Pocos días después, el multimillonario empezó a mostrar dudas sobre la idea. Ahora ha dado marcha atrás.
"Creo que una ejecución que pueda ver todo el mundo podría haber sido una fuerte disuasión para que el mundo vea cómo EE UU trata a los terroristas y a la basura como Hasan", ha defendido este jueves en un mensaje en su red social. "Pero mucha gente buena y bien intencionada prefiere no verle morir a través de una retransmisión o a través de cualquier tipo de aparato visual. Morirá, como ha sido previsto, con un pelotón de fusilamiento, pero este evento no será retransmitido".
La cancelación de esta emisión es la primera gran quiebra entre Trump y Hegseth, una figura controvertida que hasta ahora ha contado con un apoyo sostenido del presidente. Hegseth, un expresentador de la cadena Fox News sin experiencia en Defensa o seguridad nacional más allá de su servicio militar, ha vivido a golpe de polémica al frente del Pentágono: desde el 'Signalgate', cuando un periodista fue incluido en un chat con altos cargos de Defensa sobre ataques a los hutíes en Yemen; hasta las purgas en la cúpula militar y las restricciones a la prensa en el Pentágono.
"Como los yihadistas"
Muchas voces dentro y fuera de la Casa Blanca -empezando por su vicepresidente, JD Vance- habían dejado clara su incomodidad sobre el plan. "Si se retransmite, yo no lo voy a ver", dijo el número dos, que es uno de los favoritos para recoger el testigo de Trump y ser el candidato republicano a la presidencia en 2028. "No sé si eso va realmente a ocurrir", dijo sobre la ejecución, en una sombra de duda que empezó a torcer los planes de Hegseth.
La idea del secretario de Defensa había sido ya criticada por miembros de ambos partidos. El senador republicano John Curtis lo comparó con los "espectáculos sangrientos" de la antigua Roma, que corrompían a los espectadores que los presenciaban y advirtió que las ejecuciones públicas deterioran a las civilizaciones "cuando cultivan un hambre de ejecución como forma de entretenimiento".
Otro legislador republicano, Austin Scott, aseguró que la retransmisión de ejecuciones es "lo que hacen los yihadistas, EE UU tiene que ser mejor que eso". La Conferencia Episcopal católica del país y otras organizaciones religiosas y humanitarias también condenaron los planes de Hegseth.
Pero quizá el golpe de gracia llegó unas horas antes de que Trump anunciara la cancelación de la retransmisión: una encuesta publicada por 'The Washington Post' el jueves por la mañana apuntaba a que la ejecución en directo no tiene apoyo popular: ocho de cada diez estadounidenses están en contra. El magnate, que está hundido en las encuestas, con sondeos que muestran que solo el 30% de los estadounidenses aprueban su gestión, con un gran descontento por el coste disparado de la vida, no quiere alimentar más su impopularidad.
Él y sus aliados republicanos se juegan sus mayorías en las dos cámaras del Congreso en las elecciones legislativas del 3 de noviembre, y necesitan remontar. Las encuestas apuntan a que perderán la Cámara de Representantes y a que el Senado, donde los republicanos tenían las de ganar, está en juego.