Diario de León

OPINIÓN Manuel Portela

El plan económico de Bush

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El presidente Bush presentó ayer un nuevo plan para estimular la actividad económica. La sustitución de todo el equipo de responsables de la economía (del secretario del Tesoro, el jefe de asesores de la Presidencia y el presidente del órgano supervisor bursátil) trae consigo un margen de confianza, porque si aceptaron el cargo fue porque creen contar con algún plan que «garantice» la recuperación de la economía. Y si fueron nombrados fue porque lo que propusieron tiene posibilidades de tener éxito. Al fin y al cabo hay que conseguir una nueva victoria en las elecciones presidenciales de 2004. ¿Cómo puede garantizarse tal cosa? Es sabido que la economía es cualquier cosa menos una ciencia. La historia económica tiene centenares de ejemplos de aparentes buenas estrategias elaboradas por gente muy preparada que han terminado en el fracaso. Ya era extraño que Greenspan siguiera bajando los tipos de interés como si las abundantes medidas reactivadoras adoptadas por el Tesoro en 2002 no hubieran servido para nada. De hecho la economía norteamericana presenta ahora más rasgos negativos que positivos. ¿Qué cosas distintas pueden hacerse ahora para lograr resultados tangibles dentro de un año? Se convierten en permanentes los recortes de impuestos directos planificados para los próximos diez años, de forma que los ciudadanos tengan mayor propensión al consumo y menos hacia el ahorro (cosa que estarían tentados de hacer si pensasen que los recortes iban a ser provisionales). También se elimina la doble tributación de los dividendos repartidos, lo que podría animar las cotizaciones bursátiles. Se incentiva el adelantamiento de las decisiones de inversión empresarial, con cambios en la tributación de las plusvalías que se reinviertan y en los plazos y límites para amortizar activos fijos. Y se amplía el periodo de cobertura del seguro de paro, para que no flojee la demanda interna. Y si todo esta «inundación» de liquidez no produce efectos rápidos, todavía quedan políticas importantes con margen de actuación. Una, seguir reduciendo los tipos de interés. Otra es el abandono explícito de la política del dólar «fuerte» para incentivar exportaciones, lo que de paso perjudicaría las exportaciones de Japón y la UE. Por último, ganar rápidamente la guerra con Irak para controlar la oferta de crudo y reducir y estabilizar el coste de la energía para la producción. El aumento de la inflación que traerían el dinero más barato y el dólar «débil» sería compensado por el control del precio de la energía.

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