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León

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Los inspectores de Naciones Unidas en Irak han pedido una prórroga para seguir trabajando además de exigir a Sadam que coopere y no ponga trabas a su trabajo y a lo que parece esta misma semana Bush dirá al mundo si acepta la prórroga pedida o no. Mientras la Vieja Europa intenta reconstruir un cierto consenso en política exterior después de que Alemania y Francia hayan plantado cara a las pretensiones bélicas de Bush, mientras que el Gobierno de Aznar, el de Berlusconi y el de Blair, se han alineado sin matices con las planes de guerra de la Casa Blanca. La opinión pública, la española y la del resto de Europa no está por la labor de que un presidente nos embarque en una guerra. Una guerra que va a quebrar la legalidad internacional, pero eso no parece preocupar ni a Aznar ni a su gobierno, que parecen empeñados en meter a España en una aventura que los ciudadanos difícilmente le van a perdonar. Y todo porque en el Gobierno de Estados Unidos están sentados los representantes de las grandes compañías de petróleo, así que los intereses que defienden poco tienen que ver con el bien común. Sadam Hussein, su antaño socio en la zona, está sentado sobre un enorme campo de petróleo que es Irak, y ahora que les ha salido respondón, han decidido quitarle de en medio, porque el negocio es el negocio. Y así el mundo se puede ver abocado a una guerra de consecuencias impredecibles. Pero a los miembros del Consejo de Administración de las petroleras poco les importan los seres humanos, se atienen a la cuenta de resultados. Bombardear Irak significa que morirán miles de inocentes, de niños, mujeres, ancianos, hombres, que tienen una doble desgracia, sufrir a un dictador como Sadam, alimentado en su día por Occidente, y además sufrir una nueva guerra porque los señores del petróleo no están por la labor de perder el control de los pozos Iraquíes. Supuestamente Bush quiere acabar con Sadam a cuenta del atentado del 11 de septiembre. Pero resulta que ese atentado lo cometió Ben Laden, y ¡que cosas! en vez de perseguir al terrorista saudí quieren bombardear a Irak. Por otra parte ni Bush ni sus socios hablan de Ben Laden, es como si nunca hubiera existido. La oposición va a continuar intentando que Aznar acuda al Parlamento a debatir su posición sobre la crisis de Irak, consciente de que los ciudadanos rechazan mayoritariamente la guerra contra Irak. El Gobierno va a continuar sorteando el debate pero ¿hasta cuándo se resistirá Aznar? Lo más que ha conseguido la oposición es que el próximo martes haya un debate, pero en el que el reglamento del Congreso no obliga a que lo protagonice el Gobierno. En todos los países europeos se han celebrado debates y ha habido intervenciones de sus jefes de gobierno explicando sus posiciones ante sus opiniones públicas. Desgraciadamente, una vez más, España es diferente. Está vez a cuenta de Aznar.

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