Diario de León

OPINIÓN Enrique Vázquez

Elecciones tristes

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León

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¿Va Israel en la buena dirección? La pregunta se la hizo, un poco enigmáticamente, el propio presidente Mohse Katsav hace tres semanas, tras asistir a los funerales por unos colonos muertos por activistas palestinos... El estupor -de corta duración, de todos modos - se debía a que el jefe del Estado, con funciones rituales y protocolarias, no emite nunca opiniones de ese calado y a que es un antiguo militante del Likud, que le propuso en su día. Katsav se atrevió a decir en voz alta, por un instante, lo que piensa todo el mundo: no es seguro que Israel esté marchando por el buen camino. Las elecciones legislativas (anticipadas) de ayer difícilmente enmendarán tal rumbo: ganadas cómodamente por el Likud del primer ministro Sharon, pero muy lejos de la posibilidad de formar un gobierno estable por la paz (sistema íntegramente proporcional que favorece un parlamento fragmentado hasta una quincena de partidos con representación) el objetivo del jefe del ejecutivo es formar como sea un gobierno de laicos con los laboristas y el Shinui. Esto tendría tres ventajas para Sharon: a) le libraría de la presión de la extrema derecha ultra, religiosa o no; le daría una (bien inmerecida) imagen de moderado y realista; sería muy del agrado de Washington, que tienen la batuta del plan llamado «del Cuarteto» (Washington, UE, ONU, Rusia) cuyo calendario y modalidades de aplicación debe ser anunciado en pocos días. Los laboristas, con los peores resultados de su historia y una franca amenaza de explosión desde dentro vistas las contradictorias corrientes, no quieren picar de nuevo en el anzuelo de la pseudo «unidad nacional»: ya estuvieron casi dos años con Sharon con el resultado conocido y, desde luego, Amran Mitzna, su líder, libre de toda responsabilidad en ese periodo, que él no protagonizó, no está listo para dar a Sharon el certificado que busca de honorable hombre de estado en busca de la paz. Eso no significa, ni siquiera añadiendo la elevada abstención, que los comicios de ayer puedan ser calificados de inútiles. En busca de un adjetivo adecuado (superfluas, prescindibles, vacías...) tal vez atinó el ex-ministro laborista, hoy marginado, Slomo Ben Ami: son, dijo, unas elecciones ... tristes. Como el país.

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