OPINIÓN Carlos Carnicero
Sharon y Sadam
Si yo fuera Sadam Hussein desconfiaría de quienes quieren desarmarme porque me están diciendo que me van a atacar en todo caso; me piden que destruya mi arsenal en vísperas de que el ejército más poderoso de la tierra arroje sobre mi país la cantidad más ingente de bombas de todas las guerras que ya ha habido. Está muy bien que el precio del incumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidos sean acciones militares, sobre todo como expectativa para detener los asesinatos y la barbarie del Ejército de Israel. En las últimas cuarenta y ocho horas, más de treinta palestinos han caído abatidos por las balas del ejército de Ariel Sharon, en «acciones de castigo» por el último atentado suicida. El Ejército de Israel detiene a los familiares de los terroristas suicidas, convirtiendo la responsabilidad penal en un asunto colectivo de familia, lo cual es un avance importante en la dirección de los mismos criterios por los que Hitler quiso eliminar de la faz de la tierra al pueblo judío. Con estas dos varas de medir los incumplimientos de las resoluciones de Naciones Unidas, el concepto que el mundo árabe tendrá de la próxima invasión de Irak no ofrece muchas incógnitas. El ejército de Israel tiene por norma disparar sobre los servicios médicos que atienden a los heridos por sus primeros disparos, por eso hay tantas víctimas en las ocupaciones de los campamentos. Tal vez José María Aznar en su último encuentro con George W. Bush haya podido inspirarle al presidente norteamericano un poco de prisa en la solución del problema palestino que ofrece como señuelo para la invasión de Irak. Sobre todo porque hasta ahora, los sucesivos gobiernos de Israel han gozado del veto de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad cada vez que les ha hecho falta. El único problema de Sadam es no ser amigo de Bush ni disponer de grupos de presión financieros y mediáticos en Estados Unidos. Aunque tengo la secreta esperanza de que el mundo cambie hasta lograr un tribunal internacional que juzgue por genocidio al primer ministro de Israel.