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León

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Desde la huelga general contra la reforma laboral se está convirtiendo en habitual, casi en cotidiana la contestación callejera frente a ministros y otros dirigentes del PP. Es esta una situación nueva y sobre todo lo es la carga de violencia a veces no contenida. En primer lugar, la llamada a la calle aparece como una forma de «hacer política». Nunca faltan en la foto Zapatero, Llamazares, los líderes sindicales y, cuando se trata de asuntos regionales, los nacionalistas. Hoy por hoy, «la calle» aparece como complemento del Parlamento, pero ya insinúan algunos que deberían sustituirlo. Se habla con frecuencia de la fuerza deslegitimadora de aquella frente al Gobierno como para que no podamos temer con razón que comience a cundir el desprestigio de las urnas como en los peores momentos de la democracia. Parece increíble, pero Llamazares y Zapatero no sienten repugnancia en oponer los millones de manifestantes a los millones de votantes. Otra de las características de las movilizaciones es su sospechosa oportunidad, coordinación y diversificación. Hay una dirección inter-partidaria que utiliza con gran eficacia los recursos que permite la «red» y que lo han demostrado en las llamadas de la antiglobalización. Pero de todas las notas comunes a este tipo de actos quizá la más llamativa es la aparición de un lenguaje y unos modos cargados de violencia que permiten presumir si no se tratará de la punta de un iceberg antisistema. El debate sobre la guerra de Iraq está siendo utilizado a fondo por estos nuevos estrategas de la desestabilización. La bandera de la «paz» proporciona una cobertura «moral» especialmente eficaz a lo que es una mera batalla de poder. De hecho es capaz de atraer a una ciudadanía, que, en principio, no secundaría nunca la critica al Gobierno así como de provocar en buena medida la inhibición de militantes y simpatizantes del partido en el Gobierno. En este sentido la guerra de Irak está siendo una ocasión de oro para la oposición. Resulta más dudoso a largo plazo. La foto de Zapatero no es la más recomendable para alguien que deberá asumir las responsabilidades del Estado en 2004 y en una situación muy delicada en política exterior y desde el punto de vista interior, planteamiento formal de la secesión vasca en forma de Estado libre asociado. La escasez de movimientos que Los Verdes están permitiendo a Schroeder será envidiada por Zapatero en el caso de que éste llegue a ganar las elecciones gracias a Llamazares y a los nacionalistas. Gracias a la calle.

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