OPINIÓN
Desafío europeo
LOS BALCANES parecen agua pasada en esta ola arrolladora e imparable de la historia reciente donde una noticia sepulta a la anterior en cuestión de minutos. Nadie se acuerda de la guerra de Afganistán y, casi nadie, quiere recordar la de Iraq porque se prepara la de Irán. La clase política dirigente, la empresarial un poco menos, pero sí toda la periodística practica el juego de exprimir hasta la cáscara el limón y después tirarlo sin querer saber nada de él. A no ser que el limón, balcánico, salga respondón y amargue. Hablamos de un bonito pero incipiente proyecto europeo. La fiebre de la integración es imparable cuando todavía no se sabe cómo y quién va a gobernar la gran potencia económica ampliada, y ya veremos si tiene dimensión política y de seguridad. Hay una realidad que los políticos tienden a ignorar públicamente porque les crea un grave problema: «si se retiraran hoy las tropas de la OTAN de Bosnia-Herzegovina y, por supuesto, de Kosovo, la guerra no tardaría ni seis meses en reanudarse». Hay muchos ejemplos prácticos de la diferencia de la literatura que utilizan los políticos a las matemáticas de los ciudadanos de a pie, por recordar la recomendación del político italiano Giulio Andreotti. Guerra campal en las gradas entre los espectadores que asisten a un partido de fútbol entre Serbia y Bosnia. Ataque a la embajada croata en Belgrado al finalizar un partido de waterpolo entre serbios y croatas. Que los serbobosnios de Pale bajen a Sarajevo. Que los bosniomusulmanes de Mostar crucen el nuevo Stari Most (puente de Mostar) hacia la zona croata. En fin, hay muchos otros ejemplos. Es cierto que ellos son responsables de sus matanzas, pero no puede haber más retrasos para que lleguen los fondos prometidos para que recuperen un trabajo, su familia, su dignidad y la confianza entre sí para poder convivir. Como en Afganistán y en Iraq, en Bosnia tampoco se ha arrestado a los criminales Karadzic y Mladic. Todos tenemos nuestros muertos en el armario.