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ENRIQUE VÁZQUEZ
León

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EN UN GESTO de realismo, el Gobierno israelí relacionó abiertamente su diálogo bilateral con la Autoridad Palestina y la tregua que espera de la facciones armadas: ayer reconoció que un acuerdo con la ANP sobre repliegue en el norte de Gaza y Belén había sido alcanzado, pero añadió que no entrará en vigor en tanto no haya alto el fuego. Y lo habrá. La situación roza lo esquizofrénico: reconoce como un interlocutor válido y de peso al coronel Dahlan pero éste se ha cansado de decir estos días a su contraparte israelí, el general Amos Gillad, que él sólo habla de lo que puede y da las seguridades que puede (sustituir con su policía a los israelíes en las áreas evacuadas) pero que no puede actuar ni actuará por la fuerza contra Hamas, la Yihad, los Mártires etc. Israel, bajo la presión ambiental que significa la llegada de Condoleeza Rice, asesora-jefe de seguridad nacional del presidente Bush, ha optado por lo que los diplomáticos llaman un solo paquete: ellos evacuarán, Dahlan controlará, y Hamas y los demás dejarán sus armas en el armario por tres meses. La Hoja de Ruta podrá despegar. Queda un pero: Israel ha dicho que el alto el fuego no es bastante y que la Hoja exige actuar contra las capacidades de la infraestructura terrorista... y ha resuelto su propia objeción pidiendo garantías de futuro al respecto a... Washington. Condy Rice seguramente las dará. El caso es que no termine este fin de semana sin una tregua explícita y solvente que si conviene a todos, interesa sobremanera a Israel. Sharon nunca lo reconocerá, pero Israel está lejos de ganar su guerra. El jueves, en una ceremonia con jóvenes pilotos, dijo que las fuerzas armadas israelíes son capaces de golpear al terror en cualquier sitio y en cualquier momento. Técnicamente es verdad, pero no lo es menos que la segunda Intifada, con la que Sharon iba a acabar (y para eso fue elegido), cumplió el martes sus mil días durante los cuales han muerto ochocientos israelíes. Sí, Israel nunca lo reconocerá, pero sabe a pies juntillas lo que estatuyó Henri Kissinger: una guerrilla que no gana, no gana; pero un gobierno que no gana, pierde. Con la economía arruinada y una sociedad desnortada, el Estado judío también necesita tiempo muerto.

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