Diario de León

OPINIÓN

Nueva York, otra vez Canadá seguirá tres días sin luz

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MANU LEGUINECHE Julio César Rivas - toronto
León

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DE PRONTO el hombre desnudo entre los rascacielos, náufrago en su casa, en la oficina o en las calles. Perplejo, incapaz de comprender lo que ha pasado, preocupado por lo que pueda pasar, pidiendo como Goethe en su lecho de muerte,«luz, luz, luz». ¿Es el fin de la euforia tecnológica? Hasta en los grandes países puede ocurrir esto pese a los avisos, cincuenta millones de personas en el limbo al este de Norteamérica con Nueva York otra vez como epicentro. Ecos del 11-S y de noviembre de 1965 o julio de 1977 cuando la ciudad de la manzana sufrió grandes apagones y nueve meses después nacieron más niños que nunca. Lenin definió a la Unión Soviética como «la electricidad más los soviets». Esto es la crisis de la energía eléctrica mas los apagones. Es la metáfora de una crisis general, un cortocircuito que ya puso contra las cuerdas al estado más rico del país, California. En el paraíso del consumo, el exceso de demanda eléctrica ha llegado a crear graves problemas de suministro, sobre todo en tiempo de altas temperaturas con los aires acondicionados al límite. El escritor Henry Miller nos habló de una pesadilla de aire acondicionado. Es esta, la pesadilla del corte de fluido, que pone al descubierto la vulnerabilidad del hombre, tan creído en sus conquistas materiales. Se dan todos los elementos y circunstancias que siguen a lo inesperado: caos, escenas de pánico y de pillaje, resignación lúdica en Nueva York al descubrir con alivio que no se trata de un atentado terrorista. George Bush esperaba un segundo 11-S y lo que ha llegado es un vulgar gran apagón atribuible a sus propios fallos, a sus imprevisiones y a la codicia de las grandes empresas eléctricas. Toda una lección para la autocrítica a la que tan poco dada es su administración. Alguien, cargado de razón, ha dicho que la red eléctrica de EE. UU. es propia de un estado tercermundista. Las empresas eléctricas hacen «overbooking» y se encuentran, de pronto, en fechas límite, con una sorpresa que pone patas arriba las vidas de entre veinte y cincuenta millones de ciudadanos. Rodarán algunas cabezas y consejos de administración, se entonarán meas culpas, se volverá a hablar del fin de la inocencia, nacerán más niños, todos recordarán como en la muerte de Kennedy o en el 11-S donde se encontraban la tarde de aquel 14-A en que pareció que llegaba el Apocalipsis. Se publicarán libros y se filmarán películas sobre la súbita sorpresa y el misterio. Hasta de las crisis saben hacer negocio. El sudeste de Canadá, incluidas las ciudades de Toronto y Ottawa, se hallaba prácticamente paralizado ayer, a pesar que las autoridades canadienses aseguran que se ha restablecido la electricidad en casi la mitad del área afectada. Aunque las autoridades de Ontario han declarado que Toronto y Ottawa -los dos principales centros urbanos canadienses afectados por el apagón- han recuperado casi el 50 por ciento de su energía, los usuarios informan de que se están produciendo cortes de electricidad esporádicos. Ontario Power Generation (OPG), la empresa pública encargada de la operación de las centrales eléctricas de la provincia, anunció hoy que el 80 por ciento de sus plantas estaban en la mañana del viernes a la espera de instrucciones para reanudar la generación de electricidad. Pero las esperanzas del total restablecimiento del suministro de energía eléctrica en el área metropolitana de Toronto -que comprende unos 4 millones de personas- eran escasas y las autoridades municipales advirtieron que partes de la ciudad pueden estar sin energía hasta el lunes.

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