Arduas negociaciones para sacar adelante los comicios
Las autoridades provisionales que sucedieron a Shevardnadze consiguieron que la región autónoma de Adzharia, en el oeste del país, aceptara celebrar en su territorio los comicios presidenciales. Cerca de un mes de negociaciones necesitó el Gobierno central de Tiflis para persuadir al líder de Adzharia, Aslán Abashidze, quien condenó la «revolución de las rosas» como un golpe de Estado, de que permitiera la celebración de las elecciones. Abashidze, un veterano político que desde tiempos soviéticos dirige con mano de hierro esa autonomía con poco más de 330.000 habitantes, cedió a las presiones no tanto de Tiflis sino de Estados Unidos. «El papel del embajador (estadounidense) Richard Miles ha sido crucial», admitió la semana pasada el propio Abashidze al anunciar que la autonomía celebraría las presidenciales. Las encuestas concedían a Saakashvili una intención de voto de más de 80 por ciento, mientras que su más cercano perseguidor, Temur Shashiashvili -un ex funcionario de la administración de Shevardnadze-, cuenta con una intención de voto de sólo el seis por ciento de la población. Los otros candidatos son: Karltos Garibashvili, presidente de la Asociación Nacional de Juristas; Zaza Sujarulidze, presidente de la Asociación de los Hijos de Dios, que agrupa a discapacitados; Roín Liparteliani, líder del Partido de David el Constructor, y Zurab Kelejsashvili, subdirector de la publicación Más luz . Kelejsashvili anunció el mismo sábado por la noche que retiraba su candidatura, pero su nombre figura en las papeletas ya que esa declaración fue hecha fuera de plazo. Un país en ruina La deuda exterior de Georgia es de casi 2.000 millones de dólares, lo que equivale al 60 por ciento del Producto Interior Bruto del país y las arcas fiscales están prácticamente vacías. Según datos oficiales, el 70 por ciento de los casi cuatro millones y medio de georgianos viven en la extrema pobreza, es decir con un ingreso per cápita mensual inferior a los 35 laris (unos 17 dólares). Georgia no tenía recursos ni siquiera para celebrar las elecciones presidenciales de mañana, financiadas por Estados Unidos y la Unión Europea.