OPINIÓN
Chechenia en el suburbano
MEDIO centenar de muertos en el metro de Moscú: terroristas chechenos, según todas las hipótesis, colocaron una carga explosiva en una hora de máxima afluencia. Es el peor atentado en el terrible historial del combate nacional-terrorista en la capital rusa, que se ha cobrado ya casi cuatrocientas vidas y ha sido a veces correspondido con una durísima actuación de las fuerzas de seguridad que, a su vez, dieron muerte a 41 activistas que habían tomado rehenes en un teatro a finales de 2.002. En puridad, el ataque no es una sorpresa porque la resistencia chechena había jurado que se haría presente en la campaña electoral para la elección de un presidente. Aunque formalmente no está abierta (la elección tendrá lugar el 14 de marzo) el ambiente político y social es abiertamente electoral y el ataque se inscribe en ese contexto. En ese orden, parece que los terroristas chechenos quieren ayudar a la reelección segura de Vladimir Putin, su acérrimo enemigo, quien ha hecho del conflicto en lo que Boris Yeltsin llamaba en su tiempo nuestra república, uno de sus mejores caballos de batalla política y electoral. Incluso corriendo el peligro de cometer serios peligros y abusos sin cuento, el presidente se siente respaldado por la opinión en su estrategia de solución militar. Tal solución, si se entiende como una victoria completa y la normalización en la república, no está a la vista (son frecuentes los ataques contra patrullas militares u objetivos civiles y hace sólo cinco días que fueron tiroteados los guardaespaldas del propio presidente pro-ruso, Ajmedam Kadirov), pero es también exacto que el esfuerzo ruso a través de una implacable guerra sucia hace imposible un triunfo militar de la guerrilla secesionista. En este marco parecería de aplicación el axioma según el cual