Diario de León

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Muerte en la hora punta

Los supervivientes cuentan el dantesco escenario que encontraron con cuerpos y fragmentos metálicos esparcidos por el metro tras las explosión por un atentado

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Victoria Loguinova - moscú
León

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Era la hora punta, el metro estaba lleno. De repente, una explosión, luego una humareda negra y cuerpos y fragmentos metálicos dispersos por todas partes en el interior del túnel: testigos relataron el infierno vivido durante el atentado en el metro de Moscú. «El tren estaba lleno a esa hora, todo el mundo iba a trabajar», dijo Anna Kolmikova, funcionaria de 51 años superviviente del vagón contiguo al compartimiento donde ocurrió la explosión. «Hubo una explosión y de inmediato mucho humo. En el túnel vimos cuerpos y pedazos metálicos», agregó llorando la mujer, que tenía el rostro tiznado cuando salía de la estación Avtozavodskaya, la más cercana al lugar del atentado. «Las puertas se abrieron y comenzamos a salir del vagón, era muy difícil. Los hombres nos ayudaban. Pensaba que si debía morir, ese era mi destino», agregó. Luego se detuvo un momento para tomar un calmante frente a la salida del metro, rodeada de ambulancias. «Siento dolor por nuestro país, que no pudo defender a sus ciudadanos», agregó.Ilia Blojin, de 31 años, médico, que estaba en el otro extremo del tren, sólo escuchó un «crujido» y luego percibió el humo. «Pero nadie pensó que era tan grave», agregó recordando la calma que reinaba entre los pasajeros en ese momento. Galina Abramova, de unos 60 años, se quedó «horrorizada», luego de su evacuación del túnel donde se declaró el fuerte incendio. Ella estaba en un tren que circulaba en sentido inverso, que se detuvo dentro del túnel. «Salí sola del tren y caminé hasta la estación Avtozavodskaya», relató. «Estoy conmocionada, no logro salir de esta zona y encontrar un autobús para ir a casa», no lejos de la estación Avtozavodskaya. «Los vagones fueron evacuados, pero hay muchos fragmentos de cuerpos por todas partes», dijo por su parte Igor Luchaev, responsable de los servicios de rescate a la salida del túnel, en cuyo techo «hay una parte del vagón pegada», lo que muestra la potencia de la explosión. Familiares desesperados y angustiados, que llegaron al sitio al conocer la noticia, se confundían con los supervivientes. «Mi hija estaba ahí», grita una mujer de unos 50 años, los cabellos hirsutos y las mejillas llenas de lágrimas. Más lejos, Viacheslav, de 56 años, aterrorizado, busca en vano a su mujer, y acusa a las autoridades que «una vez más no pudieron garantizar la seguridad». Lilia Jachaturian, aterrada, busca a su hijo de 17 años, Gourdeien, que estaba en el metro cuando ocurrió la explosión. «Desde hace más de tres horas, su teléfono móvil no responde. Estoy segura de que él estaba en ese vagón», dice llorando y maldiciendo los números de urgencia puestos a disposición por las autoridades y a los que el público no puede acceder. «Vimos a los socorristas trasportar cuerpos y heridos cubiertos de sangre», cuenta Lena, empleada en un comercio cercano a la boca del metro. «Deme un vodka», le pidió poco después de la explosión un cliente, «temblando sin control y cubierto de sangre». «Nos dijo que vio piernas dispersas alrededor del vagón, una verdadera carnicería», exclamó Lena. «Es Chechenia, siempre Chechenia, los detestamos, los mataremos a todos», dijo Lena, mientras la pista de los independentistas, bastante probable para todos, aún no era mencionada directamente por las autoridades. «¿Quién nos protegetrá? ¿Cómo van a salvar a nuestros hijos?», dice la mujer a un oficial del Servicio Federal de Seguridad (FSB, antiguo KGB), que se limita a levantar los hombros.

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