| Análisis | El futuro de Palestina |
La maldición de la Mukata
El recién elegido presidente palestino se encuentra ya atrapado en la misma situación política en la que estaba Yaser Arafat
Poco ha durado la supuesta luna de miel. Apenas habían transcurrido unas horas desde la llamada con la que Ariel Sharón, el primer ministro israelí, había felicitado a Mahmud Abás (Abú Mazén) por su victoria en las elecciones palestinas del domingo cuando le anunciaba que ya no se reuniría con él, como había prometido. El motivo: un ataque palestino que dejó seis israelíes muertos el jueves. Así, ayer, lo que iba a ser el gran día de Abú Mazén, su toma de posesión en Ramala, se convirtió en una ceremonia casi fúnebre. Por si fuera poco, mientras el sucesor de Arafat juraba su cargo, por un teléfono llegaban noticias de que el Ejército israelí acababa de matar a tres palestinos en una operación de represalia; por otro teléfono, la noticia de que hasta 46 responsables del comité electoral dimitían en protesta por las presiones que habían recibido por parte de la gente de Abú Mazén para facilitar su victoria. Desde el lugar donde esté, Arafat habrá sonreído. Abú Mazén hizo una inesperada y rápida carrera a ojos de la comunidad internacional presentándose (bastante improbablemente) como una alternativa al estilo de su antiguo protector, pero ha tardado menos de una semana en verse atrapado en la misma situación que su predecesor.ç Ha puesto su legitimidad en manos de la comunidad internacional y ésta hace tiempo que ha renunciado a oponerse, siquiera mínimamente, a la interpretación que Israel hace del conflicto. Así, Abú Mazén sólo podrá hacer política si Ariel Sha-rón lo consiente, lo que con toda seguridad no hará. La existencia de violencia (algo inevitable en un conflicto armado) está siendo ya utilizada contra él, como lo fue contra Arafat, como una excusa útil para diferir interminablemen-te una negociación de paz. Ante esta situación de bloqueo, Abú Mazén todavía tiene, a ojos de los analistas internacionales, una opción. No puede, como le exige Israel, acabar con la Intifada, porque eso supondría empujar a su pueblo primero a la guerra civil y luego a la capitulación; pero sí ha pensado en cooptar a las milicias armadas mediante el ofrecimiento de prebendas económicas en el caso de las Brigadas de los Mártires de Al Aksa y políticas en el caso de los grupos islamistas. En el mes de julio habrá elecciones legislativas en Palestina, y Hamás, el principal grupo islamista, ha anunciado que participará por primera vez (aunque es muy posible que a última hora se eche atrás, ante los pronósticos que le conceden sólo un 20% de los votos). Esto le permitiría a Abú Mazén algo de oxígeno para esperar la caída de Sharón en un futuro. Pero la alternativa, el enquistamiento de la situación actual, sigue siendo lo más probable.