Bush entona el «mea culpa» de EE.UU. por la división de Europa Zapatero rinde hoy homenaje a los españoles muertos en Mauthausen
George W. Bush, que había recomendado a Rusia que se disculpara por la anexión soviética de las repúblicas bálticas, entonó ayer el mea culpa de EE.UU. por las decisiones que llevaron a la división de Europa durante la guerra fría. En Letonia, Bush aludió a la división de Europa creada por la guerra y el dominio soviético del Este, «uno de los grandes errores de la historia». Por primera vez, admitió la responsabilidad en parte estadounidense al reconocer que «los acuerdos de Yalta (en los que Churchill, Roosevelt y Stalin se repartieron el mundo en 1945) siguieron la injusta tradición de los pactos de Múnich y Molotov-Von Ribbentrop, por los que Rusia y Alemania acordaron repartirse Polonia. «Una vez más, cuando los gobiernos poderosos negociaron, la libertad de los países pequeños resultó, en cierto modo, prescindible», reconoció Bush. Tras pasar por Holanda, cenará esta noche en Moscú con Vladimir Putin. La condena del acuerdo de Yalta será, sin duda, un motivo más de fricción entre ambos presidentes. Rusia ya había dejado saber su descontento por que el viaje a Moscú esté «embocadillado» entre visitas a Letonia y Georgia, dos países ex soviéticos con regímenes pro occidentales. Moscú considera esas etapas un intento de Bush de interferir en su «patio trasero». Además, Putin reiteró ayer que la URSS «liberó» a once países europeos del yugo nazi durante la II Guerra Mundial. En su discurso, el presidente de EE.UU. trató de calmar las suspicacias rusas, al asegurar que «todos los países que rodean Rusia se beneficiarán de la diseminación de la democracia, y también se beneficiará la propia Rusia». Acerca de los temores rusos de que los nuevos regímenes causen su aislamiento, el presidente aseguró que «EE.UU. tiene países libres y pacíficos en su norte y su sur y no nos consideramos rodeados». Bush también instó a los países bálticos a respetar los derechos de las minorías. «Nada está tan empapado de sangre como las pantanosas tierras a orillas del Oder» STEFAN DOERNBERG Alemán que entró en el Ejército Rojo José Luis Rodríguez Zapatero viaja hoy al campo de concentración nazi de Mauthausen (Austria) para rendir homenaje a los españoles que murieron en él, y mañana asistirá en Moscú a los actos conmemorativos del fin de la Segunda Guerra Mundial. La primera visita de un presidente de Gobierno español a un campo nazi se ha visto envuelta por la polémica sobre la utilización de las banderas constitucional y republicana en el acto de Zapatero. Polémica Un acuerdo entre el Ejecutivo y la asociación de antiguos prisioneros españoles -la Amical de Mauthausen- conllevará que ambas banderas ondeen hoy junto al monumento que recuerda a los españoles que fallecieron en Mauthausen y en el que Zapatero hará una ofrenda floral. Sin embargo, el primer acto conmemorativo del viernes en Mauthausen contó únicamente con la bandera roja y gualda, acompañada de las enseñas de la UE, Francia y Austria. Izquierda Republicana expreso en un comunicado su «profunda repulsa» por la ausencia de la bandera tricolor. En el campo de Mathausen fue concentrada la mayoría de españoles (unos 8.000), la mayoría republicanos, y de ellos sólo sobrevivieron unos 2.000. Los primeros 400 republicanos españoles que llegaron a Mauthausen lo hicieron el 6 de agosto de 1940 y en total sumaron unas 8.000 personas, de las que 6.000 murieron por los trabajos forzosos, el hambre y las atrocidades nazis. El jefe del Gobierno tenía especial interés en que le acompañara hasta Austria el máximo representante de la comunidad judía española, un colectivo formado actualmente por unas 40.000 personas que residen en varias ciudades, principalmente en Madrid, donde se congrega un 40%. Le sigue Barcelon y Valencia, Murcia, Baleares, Canarias, Oviedo, Ceuta, Melilla y Sevilla.