| Análisis | Consecuencias del 29-M |
Una crisis paralela
El socialismo francés está en la misma encrucijada que la UE y las decisiones tomadas sólo servirán para prolongar la crisis o agravarla
Los que nos preguntamos qué ocurrirá tras el no de Francia y Holanda al tratado constitucional de la Unión Europea quizá podamos encontrar la respuesta echando un ojo a lo que suceda a partir de ahora al Partido Socialista francés (PS), porque el «no» mayoritario de sus seguidores al tratado lo ha puesto, irónicamente, en una encrucijada similar. De momento, la decisión que ayer tomaba la dirección nacional del partido de defenestrar a Laurent Fabius se parece a la decisión de la cúpula europea de continuar el proceso de ratificación del tratado, aún sabiendo que ello sólo servirá para prologar la crisis y quizá agravarla. Al menos, los socialistas franceses se han puesto un plazo, al adelantar a noviembre el congreso que deberá cerrar definitivamente el conflicto. Ese congreso estaba previsto para mediados del año que viene, pero una fecha todavía tan lejana como noviembre parece lograr lo que parece una paradoja: retrasar lo más posible el adelanto. Igual que lo que empieza a debatirse en la UE no es tanto ya el tratado constitucional sino qué es o debe ser la Unión, lo que se ventilaba ayer en la reunión del PSF era qué es o debe ser un partido político. Para Fabius, puesto que la mayoría de los votantes socialistas ha apoyado el «no», es la dirección nacional de François Hollande, que apoyaba el «sí», la que debe dimitir y «escuchar a los franceses». Efectivamente, se calcula que un 58% de los simpatizantes socialistas han estado con el «no». Pero Hollande también tiene su argumento: no son los franceses ante quien tiene que responder un dirigente, sino los militantes, y estos (y no sólo la dirección) habían decidido en diciembre en referéndum apoyar el tra-tado constitucional y votar «sí» por un claro 59%. Tesis de Hollande La tesis de Hollande se ha impuesto en el consejo nacional del PSF, pero con tanta dificultad que lejos de cerrar la crisis más parece que el principal partido de la oposición francesa se ha debilitado más, y esto en un momento en que el Gobierno Chirac se encontraba precisamente contra las cuerdas. Pero la ironía se ha manifestsado una vez más en política, y el triunfo del no en la consulta, facilitado por los socialistas, se ha convertido en un boomerang que amenaza con alejarles más del poder.s