Diario de León
Publicado por
XOSÉ LUIS BARREIRO RIVAS
León

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MÁS ALLÁ DE las manifesta-ciones de Habermas o Touraine, que consideran el parto de Eu-ropa como la empresa política más importante del siglo XX, estoy seriamente convencido de que, para encontrar pre-cedentes comparables con lo que ahora estamos haciendo, tendríamos que remontarnos al Renacimiento o a la cons-trucción de la Cristiandad carolingia. Es posible que la indepen-dencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y su correlato napoleónico, la Paz de Westfalia o la Revolución Rusa tuviesen mayor trascen-dencia histórica. Pero es evidente que, igualándose a todas ellas en cuanto al nivel de sus objetivos, la construcción de la Unión Europea se manifiesta como una opción excelente e incomparable, por desarrollarse bajo los auspicios de la paz y de la democracia, y por diseñar una arquitectura institucional, exportable a múltiples países. Élites de poder Si costar una sola vida, la Unión Europea se ha convertido en el espacio social y democrático más avanzado del mundo. Y por eso resulta necesario explicar a qué se debe el andacio de escepticismo que se adueñó de nosotros tras el fracaso del referéndum constitucional en Francia y Holanda. Europa es víctima de la resistencia que ofrecen las elites de poder cobijadas bajo las estructuras del Estado. También se resiente de la actitud protagonizada por los gobiernos nacionales que tratan de apropiarse todos los avances que supuso la Unión Europea, mientras trasladan a Bruselas los fracasos de la política interior. Y también asume todos los desgastes propios de una crisis del Estado de bienestar que trata de hacer compatible el crecimiento acelerado y la expansión comercial de sus economías con el mantenimiento de políticas sociales no competitivas. Pero los mismos fallos que sirvieron para poner la Unión Europea en crisis también están sirviendo para demostrar que no tenemos ninguna salida alternativa a una Europa integrada y constitucionalizada. Y por eso estoy seguro de que la inercia de los hechos acabará por sacarnos del impasse en el que nos han metido unos políticos mediocres y unas sociedades que analizan en mundo mirando a través de su ombligo. Porque si no sabemos conectar con la Europa necesaria, que es la buena, vendrá a sustituirla la Europa inexorable.

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