| Crónica | El «Post» pide perdón por los secretos de Woodward |
El ocaso de un Pulitzer
El hombre que desató el «Watergate» vive momentos difíciles por las miradas de recelo de sus compañeros, que critican su acercamiento a la Casa Blanca por haber ocultado la informa
«Tengo el hábito de guardar secretos», dijo con una disculpa Bob Woodward a sus jefes cuando éstos descubrieron que llevaba dos años ocultándoles lo que sabía del escándalo del caso de la espía que se cierne sobre la Casa Blanca. Perplejo, el director ejecutivo del diario The Washington Post, Leonard Downie, tuvo que aparecer ante las cámaras para disculpar a su periodista estrella por esta costumbre que a los 29 años le sirvió para ganar su primer Pulitzer, con el «caso Watergate», y a los 62 abre una crisis ética en el diario. En la redacción, el miércoles por la tarde la gente hacía corrillos frente al televisor para ver a su jefe, mientras algunos explotaban indignados por las muchas irregularidades que ya pesaban en la conducta del laureado periodista. Al hombre que en 1974 provocó la dimisión de Richard Nixon, por sus investigaciones sobre escuchas ilegales junto a Carl Bernstein, se le considera ahora «demasiado cercano» a la Casa Blanca. No era de extrañar por tanto que si el gabinete de Gobierno era el que había filtrado la identidad de la espía Valerie Plame, como represalia por las críticas de marido a la invasión de Irak, Woodward también hubiera sido el receptor. Mientras su compañera de The New York Times, Judith Miller, iba a parar a la cárcel por no revelar su fuente, y otros dos periodistas de CNN y la revista Times eran obligados a declarar, Woodward callaba incluso ante los suyos «por miedo a ser forzado a declarar». «Woodward se reía, pero creo que es justo decir que lo de ayer (por el jueves) no era un asunto de risa para él», contaban sus compañeros El papel privilegiado que ostenta en el Post le permite usarlo como plataforma para sus investigaciones que acaban en libro, a cambio de darles la primicia de los encargos. El malestar ha aumentado con los años cada vez que sus libros revelan informaciones importantes que no compartió con su medio. La identidad de quién le filtró el nombre de Valerie Plame sigue siendo una incógnita para todos. El periodista se la sigue guardando, pero adelanta que no fue Lewis Libby, jefe de gabinete del vicepresidente Dick Cheney, que ha dimitido por ello. Hay que confiar en que, como ocurriese con Garganta Profunda, el público no tarde otros 33 años en conocerla.