La reunión se realizará en un contexto marcado por el conflicto bélico de Oriente Medio
La crisis energética mundial será el punto central de la cumbre del G-8
La energía nuclear, cuestionada por Italia y Alemania, se vislumbra como sustituta del petróleo

Bush admira uno de los cohes que pertenecen al presidente ruso Vladimir Putin
La creciente escasez de petróleo y gas natural será el tema dominante de la cumbre del G-8 que tendrá lugar este fin de semana en San Petersburgo. Pero el contexto de esta cumbre, presidido por primera vez por Rusia, es preocupante: el programa nuclear de Irán, la crisis de los misiles norcoreanos y, sobre todo, la escalada de violencia en Oriente Medio se unen a los nuevos récords históricos del petróleo, impulsados precisamente por estas tensiones. Rusia, el segundo mayor suministrador de petróleo y fuente del 25% del consumo de gas del Europa, tensó las relaciones con el viejo continente cuando el pasado invierno interrumpió el suministro destinado a los países del este durante una disputa de precios con Ucrania. Esta interdependencia en materia energética genera conflictos: Rusia es acusada de utilizar con fines políticos su sólida posición de abastecedor, y de negarse a poner fin al cuasi monopolio de su gigante, Gazprom, omnipresente en la red rusa de gasoductos. Por su parte, Moscú se queja de que los países occidentales cierran sus puertas a las emergentes empresas rusas que, mediante adquisiciones, querrían tomar posiciones en el mercado europeo. Ese desencuentro energético, en el mismo seno del G8, se produce además mientras los precios del petróleo suben de forma espectacular: tras la ofensiva israelí en Líbano, el precio del barril aumentó cuatro dólares en solamente 48 ho-ras, superando temporalmente los 78 dólares tanto en Londres como en Nueva York. Suben precio y demanda Hasta ahora, la subida del crudo no ha afectado el crecimiento económico global. Pero con un barril a tiro de piedra de los 80 dólares, el G-8 podría constatar que se ensombrecen notablemente las perspectivas económicas mundiales para los países ricos, pero sobre todo para los más pobres, especialmente en África. Se prevé que la demanda de mundial de energía aumente entre un 50% y un 60% de aquí al año 2030 y que podría triplicarse para el año 2050, según cálculos de la Agencia Internacional de Energía. Este incremento tiene su origen en el fuerte desarrollo económico de países como China, la India, Sudáfrica, Brasil o México. El G-8 confirmando la creciente importancia que tienen estos nuevos actores, ha invitados a sus mandatarios a participar en las reuniones del próximo lunes. El alcance del límite máximo de la producción de petróleo -el nivel a partir del cual se prevé que la producción disminuya debido a que resulte demasiado caro explotar las reservas -se combina con los elevados precios y la creciente inseguridad política para hacer más difícil la búsqueda de nuevas fuentes energéticas renovables, como el viento, el sol o el etanol procedente de la caña de azúcar y maíz.