Cumbre de un verano negro para la aviación
El accidente de avión que ayercostó la vida a 49 personas en Estados Unidos agrava la crisis de la aviación y se suma a los complots desarticulados, los vuelos desviados y la intensificación de las medidas de seguridad de los últimos meses. El siniestro se produjo alrededor de las 6 de la mañana (10:00 GMT) poco después del despegue del vuelo 5191 de Comair, una aerolínea regional filial de Delta Airlines, desde el aeropuerto de Bluegrass, en el estado sureño de Kentucky. El CRJ-200, un pequeño aparato de motores gemelos fabricado por la canadiense Bombardier, se dirigía hacia Atlanta (Georgia) con 50 personas a bordo: 47 pasajeros y tres miembros de la tripulación. Un superviviente Sólo uno de los pasajeros, un hombre no identificado que se encuentra hospitalizado en estado «crítico» en el Hospital de la Universidad de Kentucky, ha logrado sobrevivir a la tragedia, según confirmó en una rueda de prensa, Don Bornhorst, presidente de Comair. Ni Bornhorst ni la Agencia Federal de Aviación (FAA) han confirmado por el momento las causas del accidente, aunque un portavoz de la FAA señaló en declaraciones a la prensa que no hay indicios de que se trate de un atentado terrorista. Las autoridades han descartado también que el tiempo -ligeramente lluvioso en el momento del suceso- haya provocado el accidente.