| Crónica | Ambiente electoral |
Votación?tranquila?y?electrónica
En la avenida Paulista, principal arteria comercial de São Paulo, dos chicas agitan banderas del Partido de los Trabajadores (PT). Es jornada electoral en Brasil, pero se permite la publicidad que no sea estática, siempre que no se haga en los centros de votación, ni en grupos o manifestaciones. Algunos coches saludan con el claxon a las dos jóvenes, como ofreciendo su complicidad con los can-didatos del PT. Una de las chicas dice que le gustaría ver a más gente vibrando con las elecciones. Apenas cien metros más allá, en un colegio electoral ubicado en los bajos de un alto edificio de oficinas, los votantes hacen fila pacientemente esperando su turno. La presencia poli-cial es muy relajada, sólo dos agentes en una de las puertas. En el interior, guardias de seguridad cprivada vestidos de civil con traje y corbata vigilan que nadie altere el tranquilo ambiente que se respira. Un periodista local comenta que estas son las elecciones más plácidas que recuerda. Hay decenas e aulas en este oculto instituto y, en cada una de ellas, una urna electrónica protegida por una pantalla de cartón, que deja al elector protegido entre la pared y el aparato para que nadie vea los números que teclea, correspondientes a cada candidato, elegido en listas abiertas: dos dígitos para presidente y gobernador del estado, tres para senador, cuatro para diputado federal y cinco para los legisladores regionales. Fuera de las aulas, en los pasillos, las paredes están empapeladas con grandes hojas que contienen los números de todos los candi-datos. Los presidenciables están en una hojita aparte. El número de Lula no es apto para supersticiosos. El 13 aparece en la lista dos veces, para que ningún elector se confunda: «Luiz Inácio Lula da Silva» y «Lula». Durante toda la jornada las cadenas de televisión repiten un anuncio que incita al voto que, por otra parte, es obligatorio. «Lo más importante es pensar bien antes de votar, usted es el patrón», dice el anuncio.