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Grietas republicanas
Los negros pronósticos han provocado el enfrentamiento en la formación de Bush. Algunos de sus miembros están molestos por el protagonismo de los neoconservadores cercanos al presidente

Bush en un acto electoral ayer en la localidad de Springfield (Misuri)
En el filo de la navaja por el desastroso escenario que su-pondría perder el control del Congreso, posibilidad cada vez más real según las encuestas, el Partido Republicano se encuentra en una incómoda encrucijada: muchos de sus fieles seguidores le acusan de haber perdido el rumbo. Las distintas facciones que otrora le hicieron fuerte han comenzado a echarse las culpas y a señalarse con el dedo ante los negros pronósticos para las elecciones legislativas del próximo martes. «Sería una de esas raras derrotas que tendría muchos padres. Y siempre será el otro», señaló hace unas semanas David Keene, presidente de la American Conservative Union, poderoso grupo que nutre ideológicamente al Partido Republicano. Las rencillas y acusaciones mútuas enfrentan a los defensores del recorte fiscal con los evangelistas, a los cristianos con los republicanos en el Congreso, a los más centris-tas con los neoconservadores cercanos a Bush. Como ha dicho el telepredicador Pat Robertson, «los republicanos se han colocado en círculo y han comenzado a dispararse entre ellos». Si bien entra dentro de lo normal que este tipo de peleas se acentúen ante la posibilidad de una derrota electoral, en este caso han comenzado demasiado pronto y se han vuelto más personales que de costumbre. Algunos analistas subrayan que, independientemente del resultado del martes, muchos conservadores ya están molestos y frustrados porque según ellos el GOP (Grand Old Party, como se conoce al Partido Republicano) ha perdido su orientación ideológica tradicional. Panda de matones Uno de los ataques más directos lo lanzó Dick Armey, ex jefe del grupo republicano en la Cámara de Representantes, quien en las últimas semanas no ha perdido ocasión para criticar en público a James Dobson, fundador de Focus on the Family, un influyente grupo entre los protestantes evangélicos. Armey acusa a los congresistas de su partido de «complacer des-caradamente a Dobson y a su panda de matones» y de abandonar otras prioridades, como el recorte presupuestario, lo que le podría costar importantísimos votos. «Los republicanos están hablando de cosas como el matrimonio homosexual, mientras los demócratas lo hacen de asuntos que le importan realmente a la gente, por ejemplo, ¿cómo voy a pagar mis facturas?», explica Armey, a favor de escuchar más al sector empresarial, otro de sus pilares. Desde la organización de Dobson han criticado a Armey por insultar a «los muchos cristianos que alimentan las creencias morales de los conservadores» y amenazan con dar la espalda a los republicanos si no atienden más sus demandas. Otro grupo en el punto de mira son los neoconservadores, que defienden con ardor la guerra en Irak. «Su principal pecado es la sobra-da arrogancia», dice Keene. Ahora presionan para usar la vía militar en crisis como la de Corea del Norte e Irán, frente a los más centristas que prefieren la diplomacia. Las divisiones también afloran a la hora de abordar el tema migratorio. Están los que quieren mano dura -y votaron por levantar el muro en la frontera con México- y los más moderados, que favorecen una reforma integral incluyendo un programa más global de trabajadores temporales.